El Castillo de San Sebastián, como icono

Tribuna libre

Rafael Garófano

31 de mayo 2010 - 01:00

Por lo que he conocido ojeando el proyecto de intervención en el Castillo de San Sebastián y escuchado atentamente a los técnicos que lo han elaborado, creo que, en general, siendo un proyecto muy complejo, está lleno de aciertos. A los que hay que sumar el concurso, impulsado por el Colegio de Arquitectos, para las arquitecturas efímeras de los estands que se monten durante el tiempo de las celebraciones del bicentenario (sin riesgos de perdurabilidad para los que, finalmente, no les guste el resultado). Pero soy de los que piensa, como otros muchos gaditanos, que no se debería ampliar ni recrecer el antiguo, pequeño y actualmente destrozado muelle de socorro de la Avanzada, ni eliminar la plataforma rocosa de sus alrededores (para hacerlo operativo para el atraque de embarcaciones en la bajamar), ni realizar las ampliaciones y añadidos en el camino Fernando Quiñones de acceso al Castillo. Los que opinamos que de esta forma mejoraría la intervención, haciéndola propiamente rehabilitadora, reduciendo actuaciones y evitando gastos, no compartimos los criterios del proyecto según los cuales estas son actuaciones pensadas para aportar seguridad a las instalaciones y los visitantes al Castillo, y más bien nos inclinamos a pensar que se trata de un razonamiento puesto cabeza abajo, es decir, la racionalización de unos objetivo previamente determinados, que van al encuentro de los asuntos de la seguridad para salvar las protecciones que tiene este bien de interés cultural con categoría de monumento. Es intelectualmente extravagante pensar en un muelle en el Castillo para el atraque de barcos salvavidas, que tendrían que dar la vuelta a Cádiz, desde el puerto, teniendo la playa de la Caleta a doscientos metros, y se hace más que difícil pensar que, también por razones de seguridad, haya que ampliar un camino de acceso que tiene, además de los topes que marcan las puertas de la Caleta y del Castillo, la anchura de muchas de las calles del casco histórico de Cádiz. Un camino por el que estos días vemos circular los camiones de las obras. Tal vez sería más adecuado plantear la seguridad de las instalaciones desde el respeto a las condiciones del Castillo y su acceso histórico, aprovechado sus potencialidades y ventajas, que son enormes si las comparamos con las de otros muchos edificios históricos y monumentales abiertos al público y masivamente visitados por los turistas. Por último, creo necesario decidir el derribo de la torre de vigilancia de artillaría, fundamentalmente porque está actualmente en ruina, pero también porque perturbaría el transito y la buena distribución de los espacios que plantea el proyecto, porque dificulta la lectura histórica del Castillo, porque perjudica la imagen del faro desde muchas perspectivas y porque el Colegio de Arquitectos de Cádiz no encuentra valores suficientes, más que una supuesta atribución a Casto Fernández-Shaw, para sostenerlo en las actuales condiciones; como han reconocido públicamente su Decano y Julio Malo de Molina, decididos defensores en otros casos de las arquitecturas del movimiento moderno (DoCoMoMo) en nuestra provincia.

Naturalmente, son múltiples las perspectivas desde las que poder abordar la intervención en el Castillo de San Sebastián, pero en esta ocasión me limitaré a su condición de pieza fundamental en el icono de la Caleta. Entendiendo en este caso por icono no una mera imagen, sino la acumulación de las imágenes sucesivas que han llegado a nosotros desde el pasado y las imágenes que cada uno de nosotros, en prolongación con las anteriores, hemos ido percibiendo en el transcurso de nuestra vida. Un icono que, en su perdurabilidad, entrelazándose en el imaginario, el sentimiento y las vivencias, termina siendo un elemento configurador de nuestra identidad colectiva.

En este sentido, con la excepción del magnífico faro de piedra (lamentablemente derribado en 1898, ante el inminente bombardeo norteamericano previsto por la "inteligencia militar") la imagen del Castillo de San Sebastián no ha sufrido modificaciones importantes desde que visitara las obras de la Avanzada la reina Isabel II, en 1862, recorriendo el camino a pie, según cuenta la crónica: "Habíase pensado que los regios visitadores fuesen al Castillo por mar, y en su virtud se compuso el muelle situado en la Avanzada, por el que ordinariamente se desembarcan los materiales de la obra, pero este muelle queda en seco en la bajamar, y en el mencionado día no era la pleamar a horas convenientes. Por fortuna, el puente que une el Castillo a la ciudad acababa de ser reconstruido, tenía excelente piso y presentaba un cómodo camino. En la puerta de la Caleta se hallaban dispuestas las sillas de mano (…) y un piquete de gastadores para conducirlas, pero su S. M. sin embargo, prefirió ir a pie (…) y atravesó el largo camino del brazo de S. M. el Rey". Una vez en la fortaleza se le mostraron a la reina planos y vistas fotográficas de la misma (afortunadamente ya localizadas y posiblemente realizadas por Ramón Hernández), aunque el fotógrafo oficial del viaje, el inglés Charles Clifford, que tomó 5 fotografías en Cádiz, lamentablemente no registró el Castillo y la Caleta.

Aunque he conseguido una fotografía del Castillo anterior a este momento (muy posiblemente la primera que allí se hizo) de autor anónimo y editada por la firma francesa Ferrier et Soulier, en 1861, fueron numerosos los fotógrafos que a partir de entonces tuvieron al Castillo de San Sebastián como referencia, bien para fotografiarlo desde la Caleta o, con el punto de vista invertido, para captar panorámicamente la ciudad desde el Faro o algún promontorio del Castillo. En este sentido podemos citar las fotografías de Andrieu, Laurent, Lévy o Puig (no fue casual que escogiese una de estas imágenes para llevarla a la portada de mi libro sobre Cádiz en la fotografía del siglo XIX, sino por ser de las de mayor significación icónica de cuantas he conocido sobre Cádiz). Durante el comienzo del siglo XX, y antes de que viniese la avalancha fotográfica de los amateurs, Hauser y Menet, Trenkler y Thomas, entre otros, incluyeron numerosas imágenes del Castillo y su camino de acceso, fototipiadas, en sus colecciones de tarjetas postales.

Diane Gray, comisaria de la exposición de las obras presentadas al prestigioso premio de arquitectura Mies van der Rohe 2009, ha declarado estos días que "la mejor arquitectura de hoy empieza siempre por "r": regenerar, recuperar, rehabilitar…". Creo que, en esta línea, somos muchos en Cádiz los que esperamos que el Castillo de San Sebastián y su camino de acceso se conserven, se depuren, se consoliden y se rehabiliten (con la máxima eficacia técnica) prolongando su vida útil y su condición de valioso icono estético y sentimental de la ciudad de Cádiz.

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