Cádiz estrecha lazos con El Puerto entre farolillos

Concejales de ambos ayuntamientos se encuentran en una jornada con muchos gaditanos en el recinto ferial portuense

Pedro M. Espinosa / Cádiz

13 de mayo 2011 - 06:50

Nunca Cádiz se vio tan bella desde El Puerto. Tan clara. Tan feliz. Con tantas ganas de juerga. Cádiz sonreía ayer a El Puerto y ésta le correspondía coqueta entre efluvios de vino fino. Catavinos a rebosar. "Cómo se nota que es la caseta de Cádiz", decía con age mi amigo Paco. La Feria de El Puerto está dedicada este año a la capital gaditana y ayer se notaba. No había sones de 3x4 ni chirigotas por las calles, pero al asomar por la caseta dedicada a la ciudad homenajeada se vislumbraba un castillo hembra y otro varón, Santa Catalina y San Sebastián, resguardando a La Caleta, cuya arena servía como tablao para bailar rumbas de María Jiménez y La Cabra Mecánica. Me cuentan que la mismísima alcaldesa de la ciudad más antigua de occidente se arrancó con un zapateao la noche del miércoles tras asistir al encendido del alumbrado. También apareció Teresa Rabal. Veo, veo, ¿qué ves? un rebujito, ¿y de qué fino es? Tracatrán. La actriz y cantante, cuyo circo se establece estos días en la capital de la provincia, como bien lo habrán notado por la consiguiente levantera, se pasó por el ferial para comprobar cómo se las gastan al otro lado de la Bahía.

Los concejales del Ayuntamiento de Cádiz Juan Antonio Guerrero, José Macías, Carmen Sánchez y Jesús Tey hicieron de anfitriones en una animada caseta que regentan rostros de Cádiz muy conocidos. Pablo Grosso y Raúl Cueto, dos de los industriales de la hostelería punteros de la ciudad, se afanan a pie de campo para que no falta de na. Rebujito, ajú, fino, más ajú, queso, jamón, pescaíto, pimientos fritos... Tiene mi tierra una feria, más típica no la hay, o algo así, que decía un pasodoble. Pero la carta no se queda ahí. Platos típicos se mezclan con otros más rebuscados mientras que grandes fotos adornan las paredes de la caseta más gaditana de la feria portuense. Casi enfrente, en la del Chipirón, resuena el himno del Cádiz. Y es que, muchos años antes de que Cádiz estuviera presente en el recinto de la carretera de Sanlúcar, los socios de esta caseta, gaditanos y cadistas en su mayoría, ya colocaban el Cuando salta el equipo amarillo cada hora, como una religión, como cuando un médico enrollado te dice: tómate un cubata cada hora durante los próximos seis días.

La caseta de Cádiz se va animando conforme avanza la jornada. La media de edad crece al mismo ritmo. La tercera edad al poder. Ganas de juerga y de feria. Un playboy puretón hace las delicias de las féminas en el centro de un corro improvisado que se dispersa al poco, cuando en medio de la caseta resuena un portentoso "La Pepa, La Pepa, La Pepa es cojonuda, cómo La Pepa no hay ninguna...". Qué gran alegato a la Constitución de 1812 a pocos meses de su bicentenario. Ole ahí La Pepa. Una señora se adueña del cántico y da saltos de alegría. Ole Las Pepas de Cádiz y viva Carlos El Legionario, defensor del cantón de Cádiz. Viva la Libertad.

Los concejales gaditanos están en su papel. José Macías se acerca a un grupo de señoras que toma unas viandas en una mesa en el porche de la caseta. Saludos cariñosos y amabilidad. Vamos a la caseta del PP, dice Juan Antonio Guerrero. ¿Del PP Macías? Preguntan. Qué guasa.

Antes de llegar a Cádiz hemos estado en un apartado de la caseta municipal, dónde hemos podido ver departiendo con tono amigable a concejales de los ayuntamientos de Cádiz y El Puerto, con su alcalde Enrique Moresco a la cabeza. Blanca Merino, concejala de Medio Ambiente o Carlos Montero, encargado de la Policía Local portuense, conversan con el gaditano Tante Bueno Mezquita, responsable de marketing y comunicación de Solera Motor y con Ignacio Sánchez Cabanillas, director de la revista que edita Parques Empresariales.

El fumódromo espera fuera. La Ley del Tabaco no hace excepciones con la feria y el alcalde y algunos concejales tienen que salir a darle al cigarrito fuera.

La feria de El Puerto más gaditana de la historia entra en calor. Las calles semidesiertas dan paso a un gentío polinésico con coches de caballos y cochecitos de niños chicos que miran asombrados tanto farolillo. En la calle del infierno los cacharritos costaban ayer la mitad de precio. Algún padre reclama una iniciativa similar en las casetas. Una jarra de rebujito a 2'50, hip. ¿Quién necesita a los caballitos que suben y bajan para marearse? Ole. Y no acaba aquí. Sigue la fiesta. Cádiz está presente en El Puerto. En su feria.

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