Bolonia, entre sus logros y decepciones
Universidad
Guillermo Martínez Massanet ingresa en la Real Academia Hispanoamericana con una disección de la Universidad
En 1999 29 ministros europeos se reunieron en Bolonia para una reforma trascendental del concepto de la educación superior en Europa. De allí salió lo que tendría que ser la Universidad en Europa en el siglo XXI, un método que quizá podría ser exportable a Hispanoamérica. Guillermo Martínez Massanet, ex rector de la Universidad de Cádiz, profesor emérito y catedrático de Química, uno de los grandes conocedores de la Universidad por dentro, testigo de aquellos cambios, ingresó hoy en la Real Academia Hispano Americana de Ciencias, Artes y Letras con una reflexión sobre el estado en el que se encuentran las instituciones que son la palanca del progreso de las sociedades y que acabaron el siglo XX exhaustas, sin apenas conexión entre ellas y con un escaso atractivo para el estudiante de fuera.
Pero antes que nada Martínez Massanet, tras los agradecimientos propios del acontecimiento, quiso tener unas palabras para el sillón que pasa a ocupar, tomando el relevo a José Gómez Sánchez, una de las eminencias en anatomía patológica y “de una intensa actividad intelectual. Para mí es una enorme responsabilidad”.
A continuación, antes de entrar en materia, recordó que hace ya 38 años que emprendió el viaje desde Tenerife a Cádiz, lo que le sirvió para enlazar la vinculación de su tierra canaria con América por la continua emigración desde el archipiélago. A él también le tocó emigrar y lo hizo a una tierra igualmente vinculada a la otra orilla. Lo que él llamó disgresión, le servía de prefacio para su análisis final acerca de abogar por una mayor conexión, una necesaria conexión, entre la universidad europea y americana, que ha avanzado enormemente en los últimos años pero aún está lejos de los mínimos necesarios. En cualquier caso, el proceso Bolonia, tan fallido en algunos aspectos, ha propiciado acercamientos.
Porque uno de los objetivos de aquellos ministros reunidos en Bolonia, que no llegaban de vacío, sino de una reflexión que llevaba más de una década, era lograr que los universitarios tuvieran mundo. “Decía uno de los artífices de Bolonia que en realidad la declaración cabía en medio folio y tenía razón, pero aquello supuso el inicio de una gran transformación”. Esa transformación consistía en evitar la dispersión, unificar criterios de calidad y de créditos. Y la movilidad. “Aquí la implantación se retrasó ocho años por las habituales discusiones entre Gobierno y oposición y es cierto que persisten problemas que impiden la libre circulación de estudiantes. El objetivo era que un 20% de los estudiantes españoles se movieran durante sus estudios por el espacio europeo y estamos en el 10%, pero la movilidad sigue creciendo”.
No eludió tratar, aunque fuera de soslayo, el terremoto que ha supuesto el escándalo de los másters de la Universidad Juan Carlos I, lo que enmarcó dentro del relativo fracaso de la creación de unos nuevos estándares de calidad, “lo que se ha debido una excesiva burocratización de los procedimientos que restan tiempo de la docencia a los profesores y que permite que se puedan superar los criterios sin que ello signifique necesariamente una mejora de la calidad”.Aún así, en su opinión, al menos existe esa preocupación por la calidad.
Ante una audiencia en el Palacio Provincial que, en buena medida, forma parte de esa comunidad universitaria, Martínez Massanet fue contestado por el académico Rafael Sánchez Saus, que saludó que con Martínez Massanet la Academia ganaba la mirada de quien puede contribuir con su experiencia a la mejora de la sociedad.
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