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Ana Jiménez, la 'abuela coraje' de Cádiz "El niño ya es mío, nadie me lo va a quitar"

  • Ana Jiménez celebra que la Audiencia de Cádiz la haya exculpado después de no haber entregado su nieto a la Junta para que fuese realojado con otra familia

"El niño ya es mío, nadie me lo va a quitar" "El niño ya es mío, nadie me lo va a quitar"

"El niño ya es mío, nadie me lo va a quitar" / Julio González

"¿Seño?, ¿seño?". Poco antes de las diez de la mañana, se oye una vocecita infantil al otro lado del teléfono que pregunta si es su profesora la que quiere hablar con él. De inmediato, Ana coge el móvil, reconoce mi voz y exclama: "¡Qué alegría! Por fin. El niño ya es mío, nadie me lo va a quitar".

Ana Jiménez, conocida como 'la abuela coraje' de Cádiz, se muestra satisfecha y sosegada después de que la Audiencia de Cádiz la haya absuelto del delito de sustracción de menores por el que fue condenada en primera instancia tras no entregar a su nieto a la Junta para que fuese reubicado con otra familia. 

"Yo he estado con mi niño desde que nació en 2015 y llevo luchando por él en los tribunales desde 2017. Han sido tres años muy duros. Al menos, a partir de hoy, empezaré a dormir tranquila de una vez por todas", manifiesta.

Ana cree que ha sufrido "un machaque psicológico" durante todo este tiempo por parte de la Administración. "Cuando la Junta me otorgó la acogida de mi nieto, me puso un requisito: que mi hijo toxicómano -el padre de la criatura- no viviese en mi mismo domicilio. Yo cumplí con lo que me pedían. Le dije a mi propio hijo que se tenía que marchar de casa. Después me solicitaron que inscribiese al chiquillo en una guardería. Y lo hice. También me advirtieron que debía cambiarme de casa a otra que fuese más amplia. En la que yo residía sólo había una habitación, así que me mudé". Ana asegura que ha hecho todo lo que le han requerido, "todo lo que sea lo mejor para mi niño".

"No estaba tranquila. Vivía continuamente en alerta. A veces veía juguetes de mi nieto tirados por el suelo o alguna mancha en cualquier sitio de la casa y pensaba, voy a limpiarlo cuanto antes vaya a ser que vengan los de Servicios Sociales a darme una sorpresa", comenta.

Con la calma que le ha dado la resolución absolutoria de la Audiencia, Ana se despierta hoy de "una auténtica pesadilla". "Estoy deseando contárselo a toda mi gente. Hasta ahora, mis padres eran los únicos que lo sabían. Están locos de contentos". 

"Mamá, mamá, cuelga ya", dice al fondo la misma voz que descolgó el teléfono al principio de la conversación. "Te dejo, que me tengo que poner con las tareas del niño", se despide Ana no si antes repetir: ¡Qué alegría!

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