La tribuna

Ana Laura Cabezuelo Arenas

Anuncios controvertidos

16 de septiembre 2008 - 01:00

EN los años de la Transición, la televisión se esforzaba por inculcar nuevos valores entre la población invitando a las mujeres a adquirir protagonismo en la sociedad. Incitaría al sarcasmo rescatar aquel anuncio en el que se insistía a una mujer, sentada en un sofá entre dos hombres, a terciar en la conversación. El mensaje era entonces "mujer, participa, expresa tu opinión". Recomendación precisa, desde luego, en un contexto social en el que la mujer no se decidía a expresarla, o bien por absoluto desconocimiento de los temas que pudieran debatirse, dada la escasa preparación de muchas mujeres, que carecían de estudios superiores, o bien por el temor a destacar en una estructura familiar patriarcal en la que no cabía contradecir públicamente la manifestada por el varón.

Los anuncios reflejan, en suma, el estado en que se halla nuestra sociedad, los valores que se pretenden inculcar (la igualdad o lucha contra la discriminación, la protección de la infancia o el medio ambiente, la preservación de la salud de los ciudadanos…) o los vicios que se pretenden erradicar (la lucha contra el racismo o la xenofobia, el culto exacerbado al cuerpo fomentando bulimia o anorexia o la utilización de la mujer como un objeto…).

En estos días atrás, ha suscitado polémica la campaña que se ha desplegado en Sevilla para erradicar la prostitución. El lema del controvertido anuncio ("¿Tan poco vale que tienes que pagar?"), acompañado de una imagen en el que el cliente de una prostituta echa mano de un billetero, pretende sensibilizar a la opinión pública ante una forma de explotación de la mujer. No faltarán, desde luego, quienes estimen que la prostitución debería ser simplemente controlada al estilo de lo que ocurre en Amsterdam. Opiniones habrá para todos los gustos.

Pero lo que no admite discusión y, sorprendentemente, ha pasado inadvertido, es un segundo anuncio, esta vez televisivo, que nos induce a reflexiones más profundas. En él un señor correctamente vestido se dispone a tomar un taxi, mientras un joven que no tiene ni un paraguas con el que resguardarse de la lluvia que arrecia contempla lo anterior sin poder moverse del lugar en que se encuentra. El mensaje es "Si no puedes cambiarlo todo, puedes cambiar algo. Ten compasión de los demás". Observe el lector la sutileza de lo anterior. No se invita a los televidentes, y con ello a la sociedad española, a ser corteses o a tener buenos modales. No se trata de enseñar a quienes contemplan la escena que deben levantarse, de estar sentados, cuando llega una señora. O que no deben hablar con la boca llena. Tampoco de sugerirles que cedan el paso a una persona de mayor edad.

Se invita a tener compasión, a practicar la misericordia que, si nos remontamos al origen de la palabra, consiste en poner el corazón en la desgracia ajena.

Invitación ésta que, lamentablemente, se nos antoja imprescindible en un contexto en el que ya no sólo se fomenta el individualismo de forma exacerbada, sino que se suceden diversas formas de crueldad contra los más débiles que se exponen públicamente para el goce de muchos.

Repugna a la conciencia de cualquiera que los niños españoles puedan sentir placer al grabar la paliza de un compañero en su móvil y procedan después a su difusión. Sin olvidar, desde luego, las diferentes modalidades de acoso escolar o los juegos en los que se incrementa la puntuación al atropellar en la pantalla a imágenes que representan a un anciano, un negro o una embarazada.

Nos escandalizan y repugnan los sucesos de pederastia y las vejaciones de las que son objeto públicamente muchos disminuidos psíquicos, esto es, personas que no pueden valerse por sí mismas ni defenderse de estas humillaciones, accediendo incluso a internet este material para el deleite de muchos pervertidos.

Nos sobrecoge igualmente la brutal paliza propinada a una inmigrante en un vagón de metro que meses atrás pudimos contemplar, y el desprecio del agresor.

Estos sucesos, lejos de ser acontecimientos aislados, pasan a ser el pan nuestro de cada día en la actualidad de nuestro país.

Algo debe fallar en la sociedad española cuando es preciso que el televisor nos recuerde que no debemos pasar de largo ante el sufrimiento. El siguiente paso, necesario por desgracia en la España de hoy a la vista de los sucesos reales a los que he hecho referencia, sería invitarnos a no mofarnos de la desgracia ajena (enfermedad, paro, discriminación…). Se nos está invitando, sencillamente, a no ser crueles pues, en tiempos de crisis económica y considerando, en general, la fragilidad del ser humano, nadie está libre de padecer las desgracias que contempló en los demás o aquello de lo que se mofó sin piedad. Como rezaba el cartel expuesto en una iglesia que invitaba a tener consideración con los que carecen de techo, "podrías ser tú". Quizá sea ésta la mejor campaña: recordarnos que nos puede tocar y que la desgracia no está hecha sólo para los otros.

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