Con la venia

Fernando / Santiago

Yintoni

14 de diciembre 2012 - 01:00

LOS españoles(o los gaditanos) somos mulos de reata. Hubo un tiempo en el que estaba de moda el whisky o el vodka. Después de comer te ponían orujo de diferentes colores aunque en un tiempo le dio al personal por el limoncello, por el pacharán o el amaretto. Ahora a la gente le ha dado por el gin tonic. Se mantiene intacto el cuenterete del vino: toda la vida tomando Don Simón en tetra brick, si acaso con casera, y ahora todos saben de crianzas, reservas y grandes reservas, diferenciar las añadas y los diferentes pagos de la Ribera del Duero. Antes, si se quería ser fino, se pedía como mucho un rioja. Yo, qué quieren que les diga, soy de la coca-cola cosecha 2012 pero observo con estupor cómo la gente a la hora de pedir un vaso se lía con toda una suerte de explicaciones. Hasta en lo de las cervezas ha llegado la novelería: ahora todo el mundo sabe de cervezas locales y de fabricación casera cuando la gente a lo más que llegaba era al butano de Cruzcampo.

Hubo un tiempo en el que todos sabían de whiskis: etiquetas negras, maltas , envejecimiento, si son de Oban, Skye, las Hébridas, si tiene un sabor salino, a humo, a brezo o a turba, si tiene nombres raros tipo Lagabulin o Balblair y, por supuesto, que cuesten más de 100 euros la botella. Otro tiempo a la gente le dio por el vodka, empezando por el Absolut que hacía una publicidad magnífica, o el Smirnoff, pero cada uno sabía distinguir el vodka ucraniano del finlandés o el ruso. Incluso había vodkas con sabor a caramelo, a limón o a pimentón. Otro momento a la gente le dio por el ron y se sabían si era maduro o joven, si era de Nicaragua, de Venezuela, de Costa Rica, de la República Dominicana o de Cuba y con qué había que mezclarlo. Todos sabían hacer combinados tipo ron collins , daiquiri o mojito. Ahora hemos caído de cabeza en los gin tonic hasta el punto de que es imposible pedir uno sin más. Antes la gente, como mucho, elegía entre Rives y Beefeater. Luego llegó la Bombay Saphire que al ser azul le daba un toque de distinción. Ahora la gente elige los tipos de ginebra y los de tónica como si hubieran hecho un máster: el tamaño de la burbuja, el tipo de hielo, si la ginebra es premium o no, si está aromatizada con pepino o enebro, si hay que ponerle frutas del bosque u otro aditamento. Siempre tengo la sensación de estar perdiéndome algo importante. Hay sitios donde tienen una carta de gin tonic donde se puede elegir la mezcla, los botánicos, el tipo de destilación de la ginebra con su perfume o la forma de la copa. En otros lugares, te dan ya las diferentes modalidades de combinados de ginebra a elegir. Un verdadero galimatías que se traslada al precio de la copa. Debe ser un mundo excitante lleno de sensaciones y muy ilustrativo, del que estoy excluido. La irrupción de gintonerías y del gintonerismo no se ha parado por la llegada de la crisis, de la misma manera que el precio de la copa ha rebasado los 10 eurazos, aunque a muchos no parece importarles a la hora de tomarse un vaso detrás de otro. Cuando llega el camarero hay que deslumbrar al personal con los conocimientos gintoneros como si hubiese descubierto el bosón de Higgs.

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