Cosas que pasan

Ricardo Castillejo

El rostro de la bondad

AYER descubrí el rostro de la bondad y debo reconocer que no se corresponde a aquel otro sobre el que, alguna vez, había fantaseado al respecto. Cosida con hilos de torería y humildad, la faz de Jesús Franco Cardeño me ha descubierto, en unos tiempos donde la apariencia física es lo primero, que su interior lo convierte, ante cualquier mirada coherente, en una muy hermosa persona.

Víctima de una terrible cogida el ocho de abril de 1987, el diestro sevillano no sólo perdió media cara aquella tarde en la Maestranza de Sevilla sino que, a consecuencia de lesiones posteriores, tuvo que abandonar las plazas de toros para dedicarse a otros menesteres que no resultaron todo lo fructíferos que esperaba. Así, con una "incapacidad laboral total" concedida -y 370 euros como único sueldo con el que sobrevivir-, su situación presente ha precisado una medida de urgencia.

Pasó la siembra y es el momento de la recogida, de que Jesús compruebe el aprecio que por él sienten compañeros como Pepe Luis Vázquez, Martín Pareja Obregón o José Ortega Cano, tres de los integrantes del cartel de un Festival Benéfico organizado, para recaudar fondos que alivien la economía de nuestro protagonista, el próximo sábado en Espartinas. "He tenido un mes de mayo muy difícil y, todavía, la herida del estómago sigue abierta pero intentaré no faltar a la cita", me confirma el viudo de Rocío Jurado que, inmerso en la tranquilidad de su finca, Yerbabuena, intenta recuperar su quebrantada salud. "Estoy convaleciente y sobrellevando como puedo la alergia". Por su parte, Franco Cardeño cuenta las horas que le faltan para que dé comienzo un espectáculo en el que ha volcado -incluso pegando él mismo los carteles por las calles- todas sus fuerzas. "No puedo llevar a mi casa el pan con el sudor de mi frente", me explica rompiéndome el corazón. La vida no es nada fácil y, este testimonio, vuelve a corroborarlo. No obstante, si aquellos que lo tienen más complicado no cesan en su empeño por salir adelante, ¿quiénes somos los demás para rendirnos?

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