Puente de Ureña

Rafael / Duarte

Tertulias y coloquios

11 de febrero 2014 - 01:00

EN algunos sitios, lugares, bujíos, bares, existen, -rara avis-, tertulias. Tertulias literarias, artísticas, científicas, incluso. Es raro, raro. Lo normal es la gente que se conforma con, todavía, con el lenguaje litera-patibulario de Belén Estéban, Matamoros y compañía, neoescritores de éxito, con el Vázquez incluido, que marcan la pauta y el ritmo "sano", sociopático y socializante de nuestra isla y lo demás.

Desde la tertulia se habla de un escritor: (Juan Ramón o Paco Ramos o Formanti), de un pintor: (Galán Urréjola o Pepiño o Turner), y se pasa la tarde un poco lejos de los ecos de la crisis, del malalechismo y de la política.

Nubes en la cabeza. Sintagmas. Figuras retóricas. El cielo, una manera de nublar. En Ámbito, la tertulia de Margarita, la gente no tiene gatitos ni angoras en la barriga.

La gente escribe y habla y no pone verde a nadie. Es rara avis. Por eso voy. Porque no es como la de Pombo, la de Cansinos, la de Valle, -estoqueado por un bastón-, con celos españoles, y la competitividad en la lengua, que no en la pluma. Este tipo de tertulias, añoradas, lejos de las redes sociales, de los políticos, -los de ahora-, los que llevan más vida laboral, de cuatro en cuatro años, que Matusalén o Enoch en la Biblia.

No obstante el Ayuntamiento tuvo tertulias literarias en la Biblioteca Lobo, en el Bar de Falla, y, también, las de las revistas que había entonces. Ahora, supervivimos lejos de los políticos, de los talleres, de las manipulaciones, de las imposiciones, de su sentido incomún.

Esta tertulia consta de profesores, licenciados, médicos, autores con premios de primerísima fila, editores, que buscan la expresión, o se divierten escribiendo. Una "cosita" que me ha llamado la atención es que ninguno esgrime una poética, entendiendo por poética, el estudio de la poesía como la teoría general de SU obra. Por eso voy, porque aprendo, apoyo, paso el testigo, reconozco valores, como lo hacen Pepe Chamorro, Mamen Orcero y Manuel Cubero. También existe la tertulia Pléyade, donde ofician Adelaida Bordés y María Jesús Rodríguez Barberá, escritoras creativas, que van configurando un panorama cultural serio, junto con la Academia de San Romualdo y el Círculo de Artes y Oficios.

¿Hay vida después de la vida política? ¿De los delegados de Cultura?

De los talleres de bienestar, -se ha inaugurado uno de la felicidad- como si la felicidad fuera un calambre afrodisíaco. En fin. La Isla vive, a pesar de Cavadas y acabados, que los tiene con ella, de ver nardos, prados, romeros, etc. Como una pesadilla inacabada.

Cuando la política no sea profesional y sí vocacional, será como las tertulias, que ahora digo. Plácidas. Serias. Lentas como esas nubes que ahora pasan, efímera quietud de lo posible.

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