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ZAPATERO ha querido revestir con el manto benéfico de la normalidad el abandono de la política por quien ha sido su vicepresidente económico, Pedro Solbes. Dice que es su amigo, que ojalá hubiera muchos políticos como él y que seguirá escuchando su opinión.
Hay razones para dudar de la primera afirmación (la amistad de verdad es rara avis entre compañeros de partido) y se puede compartir la segunda (Solbes es político sólido y capaz), pero la tercera no cuela. Si Zapatero piensa escuchar su opinión será para aplicarle el mismo tratamiento que hasta que cesó en la Vicepresidencia: por un oído me entra y por el otro me sale.
Pedro Solbes aceptó continuar al frente de la política económica del Gobierno en esta segunda legislatura socialista después de que ZP le prometiese concederle autoridad sobre los demás ministros económicos sectoriales para evitar las interferencias y guerrillas detectadas durante la primera (2004-08). Así ocurrió sobre el papel, pero en la práctica fue el propio Zapatero quien ha ido asumiendo todo el poder sobre la economía de la crisis, y lo ha hecho en sentido literalmente opuesto al que le hubiera gustado a Solbes.
Solbes, que durante su etapa de comisario de la Unión Europea se imbuyó de una cultura plenamente ortodoxa de contención presupuestaria y lucha contra el déficit, discrepó de algunas ocurrencias populistas de su jefe, como el regalo de los 400 euros en el IRPF y el reparto de los cheques bebé de 2.500 euros a padres ricos y padres pobres, que supusieron un aumento considerable del gasto social sin que sirvieran para reactivar el decaído consumo de las familias. Pero una vez cesante y en su escaño de diputado de base, Solbes ha podido contemplar cómo Zapatero profundiza en esa línea y, finalmente, ha optado por la retirada antes de tener que votar unos presupuestos generales que la certifican. Ea, ya estoy yo en mi casa, habrá pensado, impelido también por la certidumbre de que, a diferencia de otros, él sí tiene dónde ir, incluso a su edad, ciertamente provecta.
Lo malo es que deshabita algo más de talento la parte de la casa común socialista que ha de ocuparse de la crisis. Igual que la deshabitó días atrás Jordi Sevilla, uno de los zapateristas de la primera hora a los que el presidente, ya meciéndose en el poder, ha ido dejando de escuchar porque no le dicen lo que quiere oír. En la España democrática han sido responsables económicos gentes como Abril Martorell, Boyer, Solchaga, Rato y Solbes. Ahora la responsable es Elena Salgado. Creo que no es lo mismo, sinceramente. Bueno, en realidad el que decide cada medida contra la crisis es Zapatero, que sólo parece necesitar edecanes fieles que no le discutan su optimismo inasequible a los azotes de la realidad.
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