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Rafael / Garófano

Las tarjetas postales y la modernidad

Nacidas en la década de los años setenta del siglo XIX, la privacidad de lo escrito nunca existió

07 de septiembre 2015 - 01:00

MIENTRAS que las tarjetas postales son unos objetos y una modalidad de comunicación postal que todo el mundo conoce, el término modernidad es tan polisémico que necesita la aclaración de que aquí lo usamos como un conjunto de rasgos culturales marcados por la economía de medios y de tiempo, y por el debilitamiento de la privacidad.

Las primeras tarjetas postales aparecieron a principios de la década de los años setenta del siglo XIX, y eran unas pequeñas cartulinas, sin imágenes, que circulaban por el Correo sin sobres, con un sello impreso y una tarifa reducida. Textos al descubierto que debían escribirse solo por el reverso de la tarjeta, ya que por el anverso únicamente podía ir el nombre y la dirección del destinatario.

Respecto a la economía de medios y de tiempo, el texto de un periódico de la época, El Americano, decía: "En general las tarjetas postales realizan cierta economía sobre el franqueo ordinario, además del ahorro en papel y sobre, pero sobre todo hay que tener en cuenta la economía de tiempo en tres sentidos: al tener que transmitir el pensamiento o la voluntad se halla a la vez un instrumento completo que economiza una hoja de papel, sobre, lacre, oblea, sello, por el cual se puede trazar con premura, y cualquiera que sea el paraje en que se halle, con tinta o lápiz, la misiva que se ha de expedir. Prescíndese también de las fórmulas triviales de vana formalidad y se habitúa uno a la expresión neta y concisa, al laconismo del pensamiento. Aunque no por ello la precisión mermará el sentimiento, ni la urbanidad perderá sus fueros".

Pero lo cierto es que estas economías de tiempo y espacio, esta necesidad de abreviar los textos de las tarjetas postales, pronto derivó en una notable degradación de los mismos. Como comentaba el genial asidonense Mariano Pardo de Figueróa, Dr. Thebussem: "Literalmente, el lenguaje de las tarjetas se asemeja algo al del telégrafo. Frases truncadas, locuciones sin gramática, conceptos oscuros e ininteligibles para el que no esté en antecedentes del tema que tratan los corresponsales, parecen muchas veces palabras arrojadas a granel o contestación dada por una sibila…Ni a los empleados de Correos ni a los carteros puede moverles la curiosidad a leer conceptos que, por lo general, resultarán vacíos y sin sentido. Para el tema del deletreo de los criados hay el fácil remedio de colocar en casa un buzón con llave… La mayoría de las tarjetas aparecen firmadas con iniciales; estas, el pueblo de donde sean originarias, el asunto sobre el que verse, el carácter de la letra, las contraseñas secretas que se adopten, etc., etc., bastan y sobran para que los destinatarios conozcan al autor. Ni la epístola de amores, ni la que trata de asuntos reservados, ni la enviada a sujeto desconocido o persona de respeto, se escribirán en tarjetas postales. Sería como ir en bata y zapatillas para hacer una visita o asistir a un funeral". Comentario que indirectamente, al hablar del buzón con llave en la casa, nos pone de manifiesto la clase social usuaria de aquellas primeras tarjetas postales.

Respecto a la exposición pública de los textos de las tarjetas postales, algo inédito hasta entonces, encontramos normas administrativas y comentarios que ponen de manifiesto el conflicto que ello provocó con la vivencia que en la época se tenía de la privacidad:

Entre las ordenanzas que el 10 de junio de 1871 se establecieron para el uso y circulación de las tarjetas postales estaba que "siempre que los empleados de comunicaciones adviertan que una tarjeta postal contiene indicaciones contrarias al orden público o a la moral y buenas costumbres, suspenderán la tramitación de la tarjeta", debiendo esta pasar a un jefe de sección quien determinaría si debía elevar el asunto a los tribunales o devolverla a la oficina de Correos para que siguiera su curso. Todo lo cual, también se decía, no relevaban a los empleados de correos, respecto a la discreción y reserva, a cumplir las leyes y órdenes para garantizar el secreto de la correspondencia. "En consecuencia se les prohíbe de la manera más terminante el divulgar lo que el examen de las tarjetas hubiera podido revelarles… Los jefes de oficinas cuidarán de llamar la atención a los carteros haciendo a estos comprender las consecuencias dolorosas, los perjuicios, quizá irreparables, que una indiscreción, al parecer inofensiva, podría ocasionar a la paz de las familias".

En este sentido, en enero de 1873, un periódico de Madrid, comentaba los inconvenientes de las nuevas tarjetas postales: "El manantial inagotable de malignos placeres, goces indiscretos y charlas inoportunas que el nueva modo postal ha de fomentar en los cubiles o suntuosos retretes de los modernos Cerberos de la propiedad inmueble. Las tarjetas abiertas han de ser un plato de gusto para los porteros, que sin duda han de enviar felicitaciones al inventor de este nuevo diezmo ofrecido a los indiscretos de todas condiciones".

Aunque ya hubo escritores que expusieron la idea de que había sido 'vida moderna' la que alteró la vivencia de la privacidad y que las tarjetas postales solo vinieron a ponerla de manifiesto. O, dicho de otra forma, que si la cerrada vivencia de la intimidad no se hubiese resquebrajado por la forma de vida, la tarjeta postal no se hubiese planteado socialmente ni se hubiera aprobado por la Administración. Así, el barón Arthur de Rothschild, notable filatelista, decía que "en la vida moderna hay multitud de comunicaciones privadas, para las cuales el secreto constituye un lujo verdaderamente inútil". Comentario que recogía el Dr. Thebussem para concluir sabiamente que "el público no tiene reparo en valerse del cartoncillo que llega a nuestro poder en cueros vivos y violado por los ojos de casi todas las personas por cuyas manos ha pasado. Resulta que a este barato y sencillo medio de correspondencia le ha sucedido lo mismo que a la generalidad de las invenciones y adelantos humanos; es decir, que ha nacido en la época en que pudo y debió nacer".

Circunstancias, vivencias y comentarios que surgieron alrededor de las primeras tarjetas postales y que hoy día, sobre todo en lo referente al debilitamiento de la privacidad, no podemos evitar verlos como origen de los fenómenos que las nuevas tecnologías de Internet y las redes sociales están provocando actualmente en terreno de las comunicaciones personales.

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