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SI Luis Bárcenas pudo hacer su siniestra carrera de tesorero del PP, a la manera de un discreto contable de don Vito Corleone, o si el presidente Griñán puede permitirse designar sucesora a Susana Díaz, es porque sus respectivos partidos políticos siguen funcionando a la manera del antiguo Partido Comunista de la Unión Soviética (o al modo del Consejo Nacional del Movimiento franquista, que funcionaba igual aunque sus objetivos fuesen muy distintos). Y esto, claro está, beneficia a los partidos y a sus burócratas, pero desmoraliza a los electores. Porque en estos tiempos de crisis y desempleo masivo, es un insulto que los partidos políticos se empeñen en reproducir los métodos leninistas del "comunismo real", con un férreo control burocrático de todas las decisiones importantes y con el aplastamiento sistemático de cualquier atisbo de democracia interna.
Lo más terrorífico que podemos saber sobre Susana Díaz -o sobre Fátima Báñez, o sobre Ana Mato, o sobre tantos burócratas políticos que ocupan cargos y más cargos- lo dice la Wikipedia: ninguno tiene la más mínima experiencia laboral al margen de los partidos políticos. O dicho de otro modo, ninguno tiene más expectativas laborales que las que les ofrezcan los partidos políticos. No han trabajado en el sector privado, no han ganado unas oposiciones, no han hecho nada más que carreras internas dentro de sus respectivos partidos. Son los perfectos apparatchiks soviéticos que crecían a la sombra de unos órganos cuyo solo nombre da miedo: Presidium, Politburó, Soviet Supremo, y que lo mismo podían dirigir el Ministerio de Maquinaria Agrícola que el Comité del Estado para las Enfermedades Nacionales (aunque parezca mentira, estos organismos existían en la Unión Soviética).
Que los partidos políticos mayoritarios sigan funcionando así, ignorando el hastío y el enfado de los electores, es una pésima noticia para todos nosotros. Pero está claro que estos burócratas no se enteran de nada, o mejor dicho -porque no son tontos-, que no quieren enterarse de nada, así que continúan viviendo en su búnker insonorizado, aplaudiendo cuando toca aplaudir, sonriendo cuando toca sonreír, poniendo cara seria cuando toca ponerla, y gritando cuando toca, y callando cuando toca, y repitiendo las mismas consignas y los mismos métodos inútiles de obediencia sumisa y amiguismo y clientelismo que nos han traído hasta el agujero en que estamos. Mal asunto.
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