Turismo de interior El ‘boom’ de las casas rurales

  • Con la pandemia se han convertido en objeto de deseo. Estos alojamientos salvaron los muebles en agosto, siendo los únicos que crecieron en la provincia. Muchos cortijos de la Sierra se suman a la oferta

La fachada del cortijo La Encinilla, en Arcos

La fachada del cortijo La Encinilla, en Arcos / Ramón Aguilar

'Típico’ es el adjetivo que más ha resonado este verano para vincular pandemia y turismo. Un verano atípico que le ha dado la vuelta a muchas inercias. Así, por ejemplo, el turismo nacional, que ha corrido tradicionalmente en el estío a las playas de la Costa, ha optado por el turismo rural del interior de la provincia gaditana. Este año, los forasteros como gusta calificar al de fuera, en muchos pueblos, se han refugiado en el interior, buscando vacaciones más tranquilas, fuera de los circuitos más masivos, huyendo de los riesgos del Covid y por qué no decirlo, buscando también alicientes y atractivos diferentes. Y ahí estaba esperando un segmento turístico como es el de las casas rurales, que ha sacado músculo para demostrar que pisa fuerte dentro de la oferta de la provincia gaditana.

Destaca, por ejemplo, que los alojamientos rurales en la Sierra y en otros puntos de la provincia han sido los únicos que salvaron los muebles en el pasado agosto ya que su demanda creció con respecto a 2019. Algo que no ocurrió en hoteles, camping o apartamentos turísticos, según datos del Observatorio Turístico de la Provincia. Además, los turistas nacionales están copando este segmento este año duplicándose su presencia en detrimento de los extranjeros, que se han frenado por la pandemia y por los condicionamientos de movilidad.

Vistas de la magnífica piscina del cortijo El Escondido, en Arcos, con la localidad al fondo Vistas de la magnífica piscina del cortijo El Escondido, en Arcos, con la localidad al fondo

Vistas de la magnífica piscina del cortijo El Escondido, en Arcos, con la localidad al fondo / Ramón Aguilar

¿Pero quiénes están detrás de estos alojamientos rurales? ¿Cómo respira el sector? ¿Qué volumen de negocio tienen? ¿Están regulados e inscritos en el registro de la Junta de Andalucía? ¿Qué obstáculos se encuentran? Éstas son algunas de las cuestiones a las que responden voces de este segmento económico.

En principio, la Sierra cuenta con una amplia gama de alojamientos rurales que van desde modestas casas familiares, a precios asequibles, en los cascos urbanos de los pequeños pueblos a ofertar casas de campo o cortijos de categoría superior enclavados en entornos paradisiacos y en plena naturaleza, que tienen todas las comodidades y prestaciones que puedan ofrecer hoteles de lujo. La mayoría de propietarios de estos establecimientos no viven de estos alquileres, pero sí es cierto que suponen un complemento para la economía familiar que, en algunos casos, sirve, además, para mantener haciendas o casas que forman parte del patrimonio etnográfico de los pueblos.

En este sentido, en los últimos años se ha expandido una oferta centrada en el alquiler de cortijos, que está metiendo en los circuitos a pueblos como Villamartín, que no han sido tradicionalmente puntos receptivos de turistas como los son otros enclavados en el macizo de la Sierra de Grazalema, Setenil o Arcos. “Se da mucho los alquileres de estas casas de campo que están ligadas a explotaciones agrarias porque, en muchos casos, cuesta mucho dinero mantenerlas y esto ayuda”, comentan los gestores de El Cortijo Escondido, Las Encinillas y Fuente Medina, tres flamantes alojamientos en el término de Arcos, en la carretera de Algar. Situadas en plena naturaleza, han acogido este verano a un turismo nacional e incluso, muy local en contraposición a lo que acostumbraban hasta antes de la pandemia, cuyos clientes, en su mayoría, eran extranjeros y realizaban más pernoctaciones en verano.

El comedor y cocina de el cortijo El Escondido El comedor y cocina de el cortijo El Escondido

El comedor y cocina de el cortijo El Escondido / Ramón Aguilar

Si hay un núcleo por excelencia que tiene experiencia en el turismo de casas rurales ese es el que comprende a los municipios que giran en torno al Parque Natural de la Sierra de Grazalema. No se sabe un número exacto del número de alojamientos que se ofertan pues la realidad a pie de calle no concuerda con los números que arroja el Registro de Turismo de Andalucía, que funciona normativamente desde 2008. El sector turístico serrano habla de unas 2.000 casas en oferta en la toda comarca, aunque muchas de ellas no estarían en el mismo. “Quienes tenemos las casas legales pagamos más impuestos y tenemos más controles, por ejemplo, en el tema de los residuos. Quienes no las tienen se ahorran ese coste”, opina un propietario que lleva 15 años en este negocio del alquiler en la zona.

El presidente de la Asociación del Centro de Iniciativas Turísticas (CIT Sierra de Cádiz), Antonio Fernández, añade que este movimiento económico que genera este tipo de alojamientos ayuda a la dinamización de los pueblos. “Todo el flujo que se genera se queda aquí”, sostiene. Añade, que muchas rentas de pequeños alojamientos sirven para dar fluidez a familias que tienen gastos extras como los estudios de hijos universitarios. Y, además, este abanico de casas rurales “está abriendo el turismo a pueblos que no estaban antes en los circuitos tradicionales”.

Benamahoma, en Grazalema, no se concibe en la actualidad sin el movimiento que genera las casas rurales con las que cuenta. Pequeños negocios de tiendas y bares viven, en parte, los fines de semana al respaldo de los flujos que generan estos emplazamientos. Uno de las casas rurales asentadas allí es El Batán de Lara, emplazada en un entorno natural a orillas del río Majaceite, con un edificio rehabilitado que forma parte del patrimonio industrial de los siglos XVIII y XIX cuando se utilizaban molinos de agua para tejar la lana.

Una imagen de El Batán de Lara, en Benamahoma Una imagen de El Batán de Lara, en Benamahoma

Una imagen de El Batán de Lara, en Benamahoma / Cedida

Sus dueños buscan ofrecer una oferta distinta encajada en los atractivos agroturísticos con huerta propia, acequias, manantiales y alberca. “Sí se está notando que hay más alquileres que otros años. Si no hubiera casas rurales no habría tanta actividad en pueblos pequeños. Y los responsables municipales tienen que diseñar políticas que se enfoquen en embellecer espacios y crear atractivos porque una de las mayores salidas económicas para sus vecinos es el turismo”, reflexionan desde este establecimiento.

En Setenil de las Bodegas, la Casa La Cueva, se asienta en la calle Cuevas del Sol. Dormir en esta casa incrustada en las rocas puede salir por 25 euros la noche por persona y se alquila para seis o siete ocupantes. Desde hace tiempo, el alojamiento está reservado para este puente del Pilar. “Y todo el verano se han alquilado las casas en Setenil pese a que siempre el verano ha sido la temporada más baja de afluencia para nosotros”, explican los dueños, que decidieron hace unos años poner en alquiler turístico esta casa familiar, que estaba cerrada.

Un dormitorio de la casa La Cueva, en Setenil. Un dormitorio de la casa La Cueva, en Setenil.

Un dormitorio de la casa La Cueva, en Setenil. / Cedida

Como ellos, muchos setenileños han visto ‘una ayuda’ en este negocio de alquileres, que llena cada fin de semana de visitantes este pueblo serrano. “Hay gente que puede tener 2 ó 3 casas y puede respirar, pero para la mayoría el alquiler es un extra para las familias”, afirman.

Otro cantar es el negocio de las plataformas digitales que se mueve en Internet con estos emplazamientos rurales y que se lleva comisiones dependiendo de lo que se oferte. Uno de los propietarios consultados explica que paga un 15% por cada reserva que les llegue desde estos portales de reservas. Así, algunos en fechas muy señaladas que saben que tendrán reservas quitan sus propiedades de los portales para ahorrarse unos euros.

En todo caso y pese a las incertidumbres que arrastran el Coronavirus y la pandemia, las casas rurales se han convertido ya en una de las grandes apuestas que satisfacen a un cliente que busca aislarse, evitar aglomeraciones, disfrutar de la naturaleza y de los placeres de la vida de pueblo y sobre todo, descansar. Un negocio turístico que se consolida cada día más y ha enraizado para quedarse.

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