La crónica del Martes Santo El interés turístico de la Semana Santa

  • Los turistas llenan la ciudad el Martes Santo desde primera hora de la mañana, con la presencia de dos cruceros en el muelle

El paso de Sanidad cruza San Juan de Dios con un crucero al fondo El paso de Sanidad cruza San Juan de Dios con un crucero al fondo

El paso de Sanidad cruza San Juan de Dios con un crucero al fondo / Julio González

Sonidos de sirenas se entremezclaron ayer con el silencio del misterio de Sanidad por la calle Cristóbal Colón o con los primeros compases del paso de palio de Piedad. La primera hermandad del Martes Santo recorría el pasillo central de la plaza de San Juan de Dios mientras perfectamente alineado con el cortejo aparecía al fondo un crucero de grandes dimensiones que despegaba del puerto gaditano rumbo a una nueva ciudad. El interés turístico de la Semana Santa, ese que con tanto empeño viene buscando el Consejo que reconozcan a nivel nacional, se coló de lleno en el Martes Santo.

Desde primera hora de la mañana la ciudad era un hervidero de turistas que tras apearse de los barcos se encontraron con una ciudad distinta; una ciudad con palcos en San Juan de Dios, Catedral y Palillero, con colgaduras en los balcones, y con pasos procesionales en el interior de las iglesias. Todo un atractivo para tantas personas con ropa cómoda, cámaras al cuello y gorros en la cabeza que entraron ayer en las iglesias.

Por la tarde, el interés turístico alcanzó su máximo esplendor cuando a las cinco menos cuarto Sanidad plantó su cruz de guía en la plaza de Fray Félix. En el barrio de El Pópulo convivían propios (los gaditanos) y extraños (los turistas) asistiendo al magnífico cortejo de esta cofradía, que al igual que luce en la oscuridad de la noche camino de la recogida no es menos espectacular a plena luz de la tarde.

En la plaza de la Catedral también eran muchos los turistas que aprovechaban la soledad de los palcos a la hora de la salida de Piedad para ocupar esos lugares destacados y captar con sus cámaras instantáneas de algo tan novedoso para ellos como es la salida de la cofradía de Piedad. Un Cristo Crucificado con las imágenes de la Virgen y San Juan a sus pies, una maniobra de salida tras la que el Crucificado es izado en altura, militares escoltando el paso, cornetas y tambores de acompañamiento, un palio detrás siempre con Virgen del Valle por Catedral como primera marcha... Todo un espectáculo al que la ciudad está acostumbrada pero que sorprendía a esos visitantes que ayer se contabilizaban por miles en Cádiz.

Mientras las dos primeras cofradías del día se dirigían hacia la carrera oficial, el sonido de sirenas de barcos desde el muelle llegaba a la perfección a esos cortejos procesionales. Con la primera del día ya en carrera oficial, los cruceros abandonaban la ciudad. Esa campaña que el Consejo viene potenciando para que la Semana Santa sea reconocida de interés turístico nacional no podía tener mejor aliado que esos cruceros que en estos días coinciden en la ciudad y que permite dar a conocer a ese público extranjero que pasa aquí unas horas el modo en que Cádiz vive las procesiones de penitencia.

Ya con los barcos surcando los mares, la ciudad recuperó su ritmo habitual, aunque otros muchos turistas seguían al no haber llegado por mar. La tarde empezó a caer con Caído bajando la calle Rosario, que en el día de ayer mantuvo un particular mano a mano con San Francisco. Detrás del Caído iría Columna por esa otra vía, Ecce–Homo volvería a pasar por Rosario; y ya finalizada la carrera oficial, Sanidad utilizaría también la calle donde está el Oratorio de la Santa Cueva y Piedad bajaría por la paralela.

Esta coincidencia no sólo era entre Rosario y San Francisco, sino en otras muchas calles que de manera sorprendente empezaron a llenarse de sillas desde primera hora de la tarde. Desde las tres y pico o cuatro de la tarde ya había campamentos de sillitas en puntos como la plaza de San Juan de Dios, la calle San Francisco o Valverde. En todos los casos, se da la curiosidad de que a esos puntos llegan antes las sillas que las personas; sintomáticos de ese problema que viene padeciendo cada vez en mayor medida la Semana Santa, donde raro es el que se echa a la calle a ver procesiones sin una silla plegable en la mano (a lo que están contribuyendo de manera notable esas tiendas de todo tipo de productos económicos que han visto en estas sillas toda una burbuja económica que ríase usted del ladrillo).

La trompetería de Rosario, fuertemente ovacionada el día anterior en Sevilla a su paso por La Campana tras el Cristo de Las Aguas, destacaba en una jornada donde la atención musical está habitualmente tras los pasos de palio (con las grandes marchas de Juarranz, Escobar o Cubiles). El Martes Santo que hasta principios de año se barruntó de cuatro hermandades brilló con sus cinco cortejos en la calle –lo que se significó con fuertes aplausos en la plaza de la Catedral cuando cada uno de los dos pasos de Piedad inició su caminar–.

El día que había comenzado con miles de turistas recorriendo la ciudad y conociendo sus pasos procesionales derivó en esa tarde–noche de calles repletas de sillitas plegables y de campamentos urbanos donde a nadie le falta de comer y de beber. Que la Semana Santa dura sólo una semana.

Por medio quedó el San Pedro incorporado con su arrepentimiento a la jornada, el jubiloso andar de los numerosísimos monaguillos del Caído, el temeroso paso de los romanos de Ecce–Homo, el elegante caminar que Andrés Cano imprime al palio de la Salud, o la alegría de ver a Piedad en la calle. Entre otras muchísimas cosas que deparó este tercer día de una Semana Santa que sí interesa a los turistas.

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