Cristo yacente, titular del Santo Entierro

La restauración de esta imagen se produjo en el año 1925 y corrió a cargo de Juan José Bottaro

Cristo yacente, que se custodia en la Iglesia Mayor Prioral.
Cristo yacente, que se custodia en la Iglesia Mayor Prioral. / F.g.l.

30 de marzo 2018 - 01:33

Cerramos los artículos sobre la iconografía pasionista tratada por Ignacio López en El Puerto con una imagen de dudosa atribución y polémica restauración, el titular de la hermandad de Nuestra Señora de la Soledad y Santo Entierro de Cristo. Aunque la primitiva imagen se talló en el siglo XVI, dudamos que la cabeza actual sea la misma. Analizaremos el cambio de su iconografía, aludiremos a dicha intervención y describiremos su rostro para justificar su atribución a Ignacio López. La hermandad del Santo Entierro y Nuestra Señora de la Soledad, fundada en 1566 en el monasterio de la Victoria, realizaba los viernes santos en el humilladero del Calvario la ceremonia del Descendimiento y Entierro con una talla de Cristo crucificado con brazos articulados y cabello natural hasta el siglo XIX, la que tras múltiples vicisitudes y restauraciones ha llegado a nuestros días como titular de esta cofradía. Puede ampliarse información sobre sus aspectos históricos y artísticos en el estudio de Alba Medinilla de 2016 (Una Hermandad Real: la Soledad de El Puerto de Santa María).

Iconografía de la imagen: de crucificado a yacente

La restauración de la imagen del Yacente de El Puerto que modificó sustancialmente su aspecto se produjo en 1925 y corrió a cargo de Juan José Bottaro. Consistió en suprimir el mecanismo que permitía articular los brazos extendidos del crucificado, seccionarlos, fijarlos al tronco dándole la actual apariencia, tallarle nueva cabellera, creemos que retocar el sudario cordífero y repolicromar completamente la escultura. Aquel crucificado fue convertido, así, en un Cristo Yacente al adaptarlo al modelo iconográfico que obedece a dicha interpretación pasionista. Este se gestó en el siglo XVI y fue popularizado gracias a las tallas de Juan de Juni, Gaspar Becerra y más tarde por Gregorio Fernández en Castilla y Juan de Mesa en Sevilla, entre otros. Ahora bien, la postura (decúbito supino en posición contraída con brazo derecho extendido a lo largo del cuerpo e izquierdo sobre el regazo), piernas flexionadas por las rodillas y cabeza inclinada hacia su hombro derecho nos delatan su primitivo desplome en la Cruz.

Estilo y autor

Las cuestiones relacionadas con la cronología y autoría de esta imagen son polémicas. En las fuentes documentales consultadas se recoge la tradicional atribución a Miguel Vallés, quien el 17 de agosto de 1580 concierta con la hermandad de la Soledad de El Puerto de Santa María "hacer y dar por acabado en toda perfección un Cristo Crucificado con su cruz, todo ello de madera y encarnado para la dicha cofradía". Se indica también que debe medir "dos varas de media en alto" y "ha de tener los brazos de suerte que se le puedan juntar las manos para que pueda ponerse crucificado y amortajado" (Alba Medinilla). No dudamos que este imaginero tallara la imagen citada pero no resulta fácil aceptar que sea la conservada actualmente y que analizamos.

La actual cabeza del titular de la hermandad del Santo Entierro de El Puerto se nos muestra inclinada hacia su derecha para ser observada por los fieles. Conserva la cabellera de largos mechones y barba bífida talladas por Bottaro en 1925. Nos interesa sobre todo ahora su alargada fisonomía y el anguloso rostro. En las facciones destacan las cejas de trazo fino, bien dibujadas y casi rectilíneas, párpados que cierran unos ojos grandes y hundidos, nariz triangular afilada y correcta de proporciones, prominentes pómulos y boca pequeña cerrada por labios bien perfilados. La oreja derecha queda oculta tras las guedejas del cabello mientras que la izquierda aparece totalmente tallada. Se trata de unos rasgos anatómicos ausentes de patetismo a pesar de que la policromía resalta los signos cruentos del martirio, como la contusión con hematoma del pómulo izquierdo. La impresión tras su detenida observación es la de un rostro de inspiración naturalista ligeramente idealizado y dulcificado, en función de la pretendida intención de comunicar a los fieles esa placidez ante la muerte, ese momento de final resignación del Hijo de Dios ante la consumación de su Pasión y consiguiente Redención. Estas características se corresponden con el estilo de algunas obras de Ignacio López, como ha puesto de manifiesto Moreno Arana cuando afirma que "este modelo de cabeza tiene su origen en el Cristo de la escena del Descenso al Limbo del retablo de Ánimas y fue desarrollado en imágenes procesionales como el Nazareno portuense o el Señor de las Penas de Jerez". También relaciona este rostro del Yacente con los de los crucificados de la capilla de la Aurora de El Puerto y el Cristo de la Buena Muerte de San Pedro de Arcos, tallas igualmente atribuidas a Ignacio López.

Reflexión e hipótesis

Luis Alba reconoce que no ha aparecido ningún dato en la documentación consultada que permita sospechar acerca de una nueva adquisición de titular en ningún momento de la historia de esta hermandad. Por nuestra parte, recordamos que durante la invasión angloholandesa de 1702 se cometieron atrocidades con sus imágenes y que la del Crucificado fue ultrajada, arrojada al suelo y arrastrada por las calles hasta ser recogida por el capitán Franco y depositada en el convento de los Descalzos hasta su recuperación y vuelta a su ermita del Calvario. En este sentido, podríamos plantear si no sería entonces cuando se restaurara por primera vez esta imagen o, incluso, se tallara nueva cabeza. Es decir, sería factible preguntarnos si la hermandad podría haber sustituido a finales del siglo XVII o principios del XVIII la primitiva imagen de Vallés por una nueva encargada a López (activo entonces en su taller hasta su muerte en 1718) o reemplazar únicamente la castigada y deteriorada cabeza. La última restauración de esta imagen, encargada a Enrique Ortega en 1999, tampoco arroja luz sobre este asunto.

Cristo yacente

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