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La reivindicación silente de las almenas

patrimonio Respeto a los edificios históricos

La desaparición de antiguas fincas del casco urbano y su sustitución por nuevas construcciones que cuestionan el estilo popular isleño continúa siendo una realidad

La reivindicación silente de las almenas
Alejandro Díaz / San Fernando

02 de octubre 2011 - 01:00

La reciente remodelación de la calle Real para adaptarse a las vías del tranvía es solo uno de los cambios estructurales que esta arteria principal de la localidad -y cuna de buena parte de su patrimonio arquitectónico- ha sufrido en los últimos años a consecuencia de obras que, con mayor o menor fortuna, han alterado el aspecto que presentaba el casco histórico isleño a finales del siglo XIX y principios del XX.

La precaria situación en la que se encuentran varios de los edificios más emblemáticos de la ciudad, así como la desaparición de otros -propiciada por intereses inmobiliarios, necesidades de expansión comercial y conflictos relativos a su propiedad o grado de protección- son otros de los factores que han despertado la mayor concienciación entre algunos ciudadanos sobre la importancia de respetar su conjunto histórico, lo que ha desembocado en un debate entre defensores del mismo y promotores del desarrollo que rara vez encuentra un punto intermedio. Buena muestra de ello es el conflicto surgido a raíz de la aprobación del Plan Especial de Protección y Reforma Interior del Conjunto Histórico (Peprich), cuyo resultado, en principio, provocó la oposición de algunos vecinos y partidos políticos que tacharon la iniciativa de ser un atentado contra el desarrollo económico del centro y de proteger demasiadas fincas no susceptibles de ello. Este movimiento se hizo corpóreo en la plataforma Casco histórico, cuyos integrantes -todos vecinos del centro- consideran que no hay razón para poner tantas ttabas a la reforma de un casco histórico que según muchos de ellos "es inexistente". El Peprich es el encargado de velar por los edificios considerados de interés patrimonial asignándoles diferentes niveles de protección que varían entre el 1 y el 5 según su valor histórico-artístico. Una de las medidas tomadas para evitar, en la medida de lo posible, la repetición de errores pasados.

El mejor ejemplo es la Casa Lazaga. Este edificio situado frente a la iglesia de San Francisco fue comprado por el Ayuntamiento y goza de un nivel 2 debido a su relevancia arquitectónica. Otro caso es el de la antigua sede de la Cruz Roja, inmueble en ruinas situado a la entrada de San Fernando según se accede desde Chiclana. Y no menos importante es el emblemático Patio Cambiazo, situado en el 204 de la calle Real y cuya fachada luce una amplia colección de repintes y desconchones que desvirtúan el encanto de un complejo que sirvió de cuartel durante el asedio francés. Su patio, exento del antiguo pozo, espera con paciencia a que sus vecinos o las competencias pertinentes lo rescaten del olvido tras no hacerse efectivos los planes de restauración manifestados por el Ayuntamiento de cara al bicentenario de Las Cortes.

Aunque la polémica se originó a finales de los 60, fue en los 70 cuando llegó la peor etapa con la desaparición de edificios que constituían todo un icono histórico y cultural para el pueblo isleño. Entonces ya había voces, aunque minoritarias, que dieron la voz de alarma por las aberraciones que, a su juicio, se estaban llevando a cabo en el centro y otros puntos de la ciudad. Algunas de esas quejas -reflejadas en publicaciones de la época como el boletín de la Sociedad de Fomento- correspondían a escritores y periodistas preocupados por "todas esas portadas dieciochescas que las necesidades de edificación moderna y funcional va devorando o piensan devorar".

Los mismos aseguraban que "con esas viejas casas que desaparecen o van a desaparecer se nos va nuestra Isla y se nos queda, poco a poco, una ciudad como otra cualquiera, sin personalidad, manifestando los cubos desangelados de las nuevas construcciones". En efecto, no fueron pocas las obras arquitectónicas que acabaron siendo pasto de intereses sustentados en la escasa regulación sobre esta materia de la que adolecía la ciudad. Esta práctica se llevó a cabo a través de dos vías principales: propietarios particulares que vendían su propiedad, por un lado, e iniciativas del Ayuntamiento para abrir calles que hoy día se consideran imprescindibles, por otro. Ejemplo de ésto último son la calle Héroes del Baleares -sobre los terrenos de la casa y las huertas de Barrios- o la avenida Manuel de Falla, cuya apertura supuso el fin del primer colegio naval de San Fernando. Una de las mayores pérdidas y que aún hoy ocupa un lugar de honor en la memoria colectiva es la Casa Zimbrelo, noble edificio demolido en los setenta. Otra de las intervenciones más criticadas, no tanto por la magnitud de la obra desaparecida como por el atentado que supuso contra la propia armonía del enclave, fue la acometida en la plaza del Santísimo Cristo de la Vera Cruz allá por la misma época. Un lugar rodeado de casas blancas y bajas donde destacaba la pequeña capilla como referencia espiritual, como punto más elevado. Aún hoy se conserva aunque bajo la sombra de dos bloques de viviendas que la triplican en altura.

La situación se normalizó a partir de los años noventa con la implantación de nuevas leyes que comenzaron a tratar la polémica desde otro prisma. José Carlos Fernández hizo referencia en su libro Calles de La Isla a ese "aluvión de intereses que buscaba crear una gran urbe con gigantescas avenidas pese a que el atractivo de la Isla radicaba en todo lo contrario", así como a la intención, por parte del gobierno del momento, de enmendar, en la medida de lo posible, las aberraciones practicadas en diferentes puntos de la ciudad durante las décadas anteriores. No obstante continúan dándose casos de edificios antiguos destruidos hasta fechas bien recientes y en plena calle Real. Buen ejemplo es el ubicado en la emblemática calle Mariana de Arteaga -más conocida como callejón 'de los palos'-, que se vio gravemente afectada tras su última intervención. Caso similar es el concerniente a una de las esquinas de la calle Santísima Trinidad, con la construcción de un edificio blanco sobre el solar que antaño ocupó la popular 'tienda chica'.

Las intervenciones que desde el Consistorio se están llevando a cabo para rescatar monumentos olvidados y el creciente interés de unos ciudadanos cada vez más conscientes de la importancia de conservar su legado permitirán, a buen seguro, enmendar errores pasados y devolver el esplendor a esta ciudad que, pese a todo, sigue manteniendo su sello característico. Así debe ser.

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