La fragua de la familia Camarón vuelve a abrir sus puertas en San Fernando

“La fragua no puede desaparecer”

  • La fragua de la familia de Camarón se ha llevado seis años cerrada y deteriorándose a marchas forzadas

  • Juana Monje, sobrina del cantaor, se ha empeñado en rescatarla

Juana Monje, en la fragua de su padre, que acaba de reabrir tras seis años cerrada. Juana Monje, en la fragua de su padre, que acaba de reabrir tras seis años cerrada.

Juana Monje, en la fragua de su padre, que acaba de reabrir tras seis años cerrada. / Román Ríos (San Fernando)

"Nos despertábamos con el ruido que hacía el martillo todos los días a las siete de la mañana”, recuerda Juana Monje. A esa hora, su padre empezaba a trabajar en la fragua, a escasos metros. Los seis hermanos se repartían como podían en una pequeña habitación y los padres dormían en la otra. En la casa –que difícilmente llega a los 50 metros cuadrados– apenas había más sitio: una pequeña cocina junto al patio donde su madre hacía la comida y, claro, la fragua con la que su padre, Manuel, el mayor de los Monje, se ganaba la vida haciendo alcayatas, rejas sevillanas, cierros... Lo mismo que hizo su abuelo hasta que murió tempranamente, lo que marcó a la familia.

Por entonces difícilmente se podía imaginar que su tío José, que a diario rondaba también por allí, llegaría a lo más alto, que revolucionaría el flamenco y que se convertiría en un mito de la música, en un auténtico icono. Algo de su cante, de su forma única de entender el flamenco, salió inevitablemente de allí, fue tomando forma alrededor de aquellas paredes de la fragua de la familia. Por eso este pequeño rincón del barrio de la Iglesia llama tanto la atención, por eso se convirtió durante años en un lugar de visita obligada para todos aquellos que acudían a La Isla siguiendo las huellas del genio del cante: la casa en la que nació, la Venta de Vargas, el cementerio en el que descansan sus restos... Y la fragua de la calle Amargura.

Manuel, el hermano de Camarón, se dedicaba a enseñar la fragua y a compartir los recuerdos de la familia

La fragua dejó de funcionar a principios de los años 80 cuando la familia se mudó al barrio de La Ardila pero Manuel –el hermano mayor de Camarón, que ahora tiene 87 años– siempre andaba por allí dispuesto a enseñar el local, a contar a todo el que quisiera la historia de la familia y a compartir sus recuerdos. Él mismo se encargaba de mantener el local a punto. Así fue hasta hace seis años, cuando se vio obligado a dejarlo debido a su delicado estado de salud. La fragua echó el cierre. E inevitablemente, al tratarse de una finca bastante antigua, empezó a deteriorarse a un ritmo vertiginoso... Hubo alguna tentativa municipal de acudir en su rescate, de incorporarla a esos proyectos que desde hace unos años han ido tomando forma en torno a Camarón, pero ninguno de ellos llegó a concretarse. Así que se fue quedando atrás y su estado fue empeorando por días. Era la pieza del puzle que faltaba, como esta misma semana ha reconocido el concejal de Presidencia, Conrado Rodríguez.

Juana, la hija de Manuel, se quedó sin palabras cuando un día fueron a la fragua de la familia y vieron el estado en el que se encontraba. Todavía se emociona al recordarlo. No soportaba ver la casa de la familia en semejante abandono y se negaba a que se perdiera. Así que decidieron meterle mano, ponerla a punto y volver a abrirla, para que esos recuerdos familiares –y también ese trozo de la vida de Camarón– siguiera presente en La Isla.

"Es por ellos", dice Juana. "Lo hemos hecho por mi padre, mi tío, que también trabajaba en la fragua, mi abuelo... No queríamos que esto se viniera abajo. La fragua no puede perderse".

“He querido dejar todo tal y como lo recuerdo, conservar la esencia”, dice Juana

Empezaron a trabajar en agosto, a sacar muebles rotos, resanar techos y paredes, recuperar las herramientas de la fragua, encalar con varias manos las paredes, volver a colgar las fotos de la familia, algunos recuerdos... Lo cuenta el marido de Juana, Jorge Noya, que es el que se ha encargado de la faena. Todo costeado por su propio bolsillo y sin ayuda de ningún tipo, precisa. Y eso –dice– que la pidieron...

Se trataba, en todo caso, de poner a punto la finca para que pudiera volver a abrir pero conservando intacta toda su esencia. Nada de repetir el error cometido con la casa natal de Camarón, en la calle Carmen, que se derribó para construir un nuevo edificio. Juana y su marido, que saben bien cómo era en realidad aquel patio de vecinos, sonríen al recordar el polémico proyecto. Por eso aquí se ha intentado ser, sobre todo, auténtico y conservar la fragua en su estado original: un local de reducidas dimensiones, modesto y humilde, con el mismo suelo que tenía antaño y casi los mismos muebles... Porque de eso se trata, dicen, "de enseñar lo que esto era en realidad".

"Yo he intentado dejar esto tal y como estaba, tal y como yo lo recuerdo", insiste Juana. Y, ciertamente, la fragua mantiene prácticamente el mismo aspecto que tenía durante esos años en los que Manuel se dedicaba a enseñarla.

Empezaron a trabajar en agosto después de ver el estado en el que estaba la fragua

La fragua ha contado esta semana con una reapertura simbólica que –reconocen– se les ha ido un poco de las manos por la repercusión mediática que ha tenido. No se lo esperaban. Pensaban en algo discreto porque todavía –explica Jorge– tienen que concretar cómo y cuándo se va a abrir la fragua y hablar con el Ayuntamiento para ver cómo se va a articular en la ruta turística que recorre los lugares de La Isla relacionados con el cantaor. Pero siempre pasa cuando se habla de Camarón. Todavía hoy, 26 años después de la muerte de Camarón, a Juana le cuesta asimilar lo grande que llegó a ser –que es– su tío José, que se siga hablando de él dos décadas y media después de su fallecimiento, que se siga escuchando su flamenco, que La Isla le vaya a construir un museo.... "Aquí, cuando estábamos trabajando para poner a punto la fragua se nos ha colado gente de todas partes que había venido a La Isla por Camarón y que quería ver esto... ¡Y la fragua llevaba seis años cerrada!", cuenta Juana.

De momento, para la próxima semana –que se celebra el Día Internacional del Flamenco– se espera la visita de los primeros escolares, para los que la fragua volverá a abrir sus puertas.

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