El catálogo de edificios protegidos del Plan Especial estará listo en dos meses

El equipo que trabaja en la nueva valoración de los niveles de protección de casi un millar de fincas del casco histórico ultima su tarea, tras las últimas correcciones recibidas de la Gerencia de Urbanismo

Uno de los arquitectos que se encargó de la documentación, en una finca junto a la plaza de la Iglesia, en mayo de 2008.
Uno de los arquitectos que se encargó de la documentación, en una finca junto a la plaza de la Iglesia, en mayo de 2008.
María Llebrez/ San Fernando

27 de octubre 2009 - 01:00

El Plan Especial de Protección y Reforma del Casco Histórico (PEPRICH) se aprobó ya hace meses y hace meses también que entró en vigor, dejando sin embargo en suspenso el que supone sin duda el más importante de sus documentos, el catálogo de fincas protegidas, que no convencía entonces por considerarse excesivo el grado de protección aplicado a las 950 fincas del centro urbano que forman parte de él.

Fue entonces cuando se decidió contratar un equipo de arquitectos que trabajaran en la revisión del mismo, aunque previamente debía, de nuevo, recogerse los datos que marcan las pautas de la catalogación. Desde Urbanismo se entró en contacto entonces con el Colegio de Arquitectos de Cádiz quien designó un grupo de unos 20 que estuvieron trabajando durtante meses en esta recopilación de información que, después, el nuevo equipo tomaría como base para atribuir el grado de catalogación pertinente.

De esta manera, en el anterior catálogo -el que se rechazó- y en el actual, -el que se está elaborando- cinco son los niveles de protección que se asignan a cada uno de los inmuebles, teniendo en cuenta que los dos primeros se refieren a edificios de alto valor patrimonial que en su mayor parte están destinados a un uso público (Casa Consistorial, Casa Lazaga o el nuevo centro de salud Cayetano Roldán, por ejemplo). Son los otros tres con los que juegan los profesionales a la hora de catalogar cada uno de los edificios y, en función del elegido, podrá tocarse el inmueble más o menos.

Por eso, a pesar de la infinidad de datos recogidos previamente, a pesar de la rigurosidad de su análisis, no es sencillo dar en el clavo en el nivel de protección que demanda un Ayuntamiento en concreto. Por eso también, cuando el equipo liderado por Javier Villarmín presentó por última vez el resultado de su trabajo, tuvo que anotar una serie de premisas que han obligado de nuevo a la modificación de algunos aspectos de su nueva catalogación. Es la razón por la cual han pasado más meses de lo necesario y aún no se ha culminado la tarea que pondría el útimo peldaño en este plan específico para el casco histórico.

Pero, según ha podido saber este periódico, se trabaja ya en los últimos pasos de esta revisión, que estará lista por fin para presentarse ante Urbanismo antes de finales de año. Ahora bien, dependerá de la valoración de los técnicos municipales que el documento obtenga el último y definitivo respaldo municipal, tras el que no estará todo conseguido. Quedará aún un último trámite ya que la Delegación Provincial de Cultura, a través de la Comisión de Patrimonio, tendrá que confirmar que, efectivamente, este documento es válido y puede entrar en vigor.

Una vez lo haga, cada propietario o comunidad de propietarios de cada una de estas 950 fincas, en el momento que quieran modficar algún elemento de la misma, tendrán que acudir al catálogo recogido en el PEPRICH, en el que quedará específicamente reflejado si aquello que desean hacer es factible o no. Algunos de los elementos que reseñarán el valor de la misma serán, por ejemplo, la entrada de la finca, las escaleras o el patio interior. También se tienen en cuenta elementos exteriores y característicos de la arquitectura local como la ornamentación de ventanas y balcones y las terminaciones de las fachadas en la parte alta del inmueble. La calidad de los materiales o la originalidad de la construcción también influyen de un modo evidente.

Pero la existencia de este documento no responde tan sólo a una idea de preservación unitaria, sino también a una homogeneidad urbanística, una coherencia en la línea de las construcciones, siempre preservando las garantías de habitabilidad del edificio. Ambos elementos deben coexistir por tanto y es por este motivo quizá por el que se teme, de un lado, un excesivo nivel de protección, que impida por ejemplo el desarrollo comercial en la planta baja de las fincas del centro. Y de otro, todo lo contrario, que la excesiva permisividad convierta la ciudad en un caos visual a nivel general que además no garantice la preservación de las señas de identidad de la misma a nivel urbanístico. Entre estos dos márgenes hay que trabajar. Y acertar. Y no es desde luego tarea fácil.

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