La biblioteca del Observatorio de Marina, una joya del patrimonio bibliográfico

Los libros que marcaron el rumbo

  • Francisco José González es el bibliotecario del Observatorio de Marina y el responsable de una colección única por su singularidad con la que podría contarse la historia de la ciencia

Francisco José González, bibliotecario del Observatorio de Marina. Francisco José González, bibliotecario del Observatorio de Marina.

Francisco José González, bibliotecario del Observatorio de Marina. / Román Ríos

En sus manos tiene libros que cambiaron la historia del mundo. Y no es ninguna exageración. El doctor en Historia Francisco José González González es desde hace ya más de tres décadas el responsable de la biblioteca del Observatorio de Marina, una colección única en su especie. Un total de 30.100 volúmenes que se reparten entre varias salas de las instalaciones.

No podía tratarse de otro sitio de La Isla, por supuesto. Esta semana, González ha participado en los actos de la Academia de San Romualdo con una conferencia centrada, precisamente, en el importante patrimonio bibliográfico del Observatorio y en sus orígenes, vinculados también a la Escuela de Guardiamarinas.

Si es de los que ha tenido la oportunidad de visitar alguna vez este señero centro científico sabrá ya que la biblioteca es el broche final del recorrido guiado. Tras pasar por sus distintas secciones y conocer cómo se hace la hora oficial de España, qué es el rayo verde o comprender la importancia de las observaciones astronómicas y del seguimiento de satélites artificiales, entre otros de los muchos proyectos científicos en los que siempre anda metido el Observatorio, comprobará que todavía hay más... Está la majestuosa biblioteca, con sus imponentes estanterías, sus vitrinas con sus incunables y post-incunables, sus primeras ediciones, sus ejemplares únicos que no pueden verse en ningún otro sitio... Sin duda, uno de los rincones más espectaculares –y no tan conocido– que uno pueda encontrarse en La Isla. Y una auténtica joya del patrimonio bibliográfico.

"Los libros aquí siempre han convivido con los instrumentos y con las observaciones"

En esta biblioteca que empezó a tomar forma en el mismo momento en el que se creó el Observatorio –los libros no eran sino un instrumento más para la formación de los marinos– prácticamente se resume toda la historia de la ciencia desde el siglo XV hasta ahora. Esa es su gran singularidad, su enorme especialización, la unidad de criterio que impera en todo el catálogo. "Diría que la vitrina que contiene los libros de Copérnico, Tycho Brahe, Kepler, Galileo y Newton es difícil de verla repetida por ahí", sostiene el bibliotecario.

Francisco José González cuenta una anécdota muy ilustrativa que ocurrió hace ya algunos años durante la visita de cortesía que se brindó a los participantes de unas jornadas entre las que se encontraba un catedrático de Matemáticas. Cuando descubrió que allí estaba encuadernada el Acta Eroditorum que se publicó entre los siglos XVII y XVIII y en las que se recogían las cartas en las que Newton y Leibniz se disputaban la paternidad del cálculo infinitesimal se quedó boquiabierto. Tanto rogó que tuvo que hacerse una excepción para que pudiera consultar la obra "y se quedó allí sentado ensimismado mientras el resto seguía con la visita". La historia es reveladora.

Evidentemente, hay otras bibliotecas, más grandes y con más fondos, de universidades y otras instituciones... "No hay que olvidar que esto, en primer lugar, no es una biblioteca. Es el Real Instituto y Observatorio de la Armada, un centro científico militar, que tiene una biblioteca", puntualiza. "Lo que pasa es que 260 años de historia dan para esto". Aún así –reconoce– tiene cierto peso, "sobre todo si hablamos de libros muy antiguos".

Las 86 publicaciones que se remontan a los siglos XV y XVI que se conservan en este centro "son todos ejemplares raros y valiosos por sí mismos", admite. "Aquí hay libros que no se pueden encontrar en otros sitios porque lo que aquí se hacía no se hacía en ningún otro sitio", matiza este doctor en Historia que, precisamente, hizo su tesis sobre la historia del Observatorio. Muchos eran libros prohibidos. Los Borbones –explica– se valieron de los marinos ilustrados para introducir los avances de la ciencia que las universidades en España rehuían todavía entonces. Eso explica también la importancia de los títulos de estos fondos.

"La vitrina de Copérnico, Tycho Brahe, Kepler, Galileo y Newton es difícil de verla repetida"

Admite Francisco José González que empezar a trabajar en este centro tras sacar la plaza de bibliotecario fue descubrir un mundo prácticamente desconocido: la historia de la ciencia, algo que en la carrera apenas tocó de pasada. Y, claro, quién no se queda fascinado si trabaja en un sitio así. "No solo te abre la posibilidad de que trabajes desde un punto de vista técnico sino también en investigación", explica. De ahí la tesis.

"En el Observatorio, desde el primer momento hay una relación entre los instrumentos científicos, los libros y el archivo de los datos que se obtenían con la observación. Las tres cosas están totalmente ligadas y esa es su gran singularidad: las tres facetas del patrimonio que normalmente están separadas –los archivos, las bibliotecas y los museos– aquí están relacionadas y han convivido desde siempre", asegura. A eso ha ayudado que el Observatorio siga en el mismo sitio desde que en 1798 se trasladara a La Isla: "Aquí, cuando un instrumento antiguo ha dejado de utilizarse se ha guardado y se han guardado también las observaciones que se habían hecho con ese instrumento y los libros que habían usado los astrónomos. Eso es lo verdaderamente único. ¡Tenemos el paquete completo!".

De hecho, Francisco José González no es solo el responsable de la biblioteca y de la colección cartográfica –que en parte ya se ha digitalizado y puede consultarse en internet– sino también del archivo "con más de 2.400 cajas que incluyen series documentales únicas en España" y una colección museográfica formada por 1.240 instrumentos que es, además, la única reconocida como tal dentro de la Armada sin ser un museo naval.

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