Miguel Ángel López Moreno | Autor del libro 'República, alzamiento y represión en San Fernando' "Convirtieron a las víctimas en amenaza"

  • El investigador plasma en esta obra los datos recabados del ingente material que guardan los archivos municipales

  • Este libro es su aportación a la causa de Amede San Fernando

MIguel Ángel López Moreno posa con su nuevo libro. MIguel Ángel López Moreno posa con su nuevo libro.

MIguel Ángel López Moreno posa con su nuevo libro. / Román Ríos

"Lo más objetivo en esta historia son los huesos. Tú coges un hueso y pesa y es palpable".

Miguel Ángel López Moreno habla de las excavaciones y exhumaciones que la Asociación para la Recuperación de la Memoria Democrática (Amede) San Fernando realiza en el cementerio isleño. Habla de la recuperación de los cuerpos de los represaliados por el franquismo, cuyos nombres constan en el libro que el investigador recién ha publicado. República, alzamiento y represión en San Fernando ya ha agotado su primera edición y tiene en las librerías la segunda, editado por la propia entidad para quien irá toda la recaudación destinada a cubrir los gastos de la operación. "Es mi aportación, mientras que otras personas son voluntarias en las excavaciones, con un trabajo tremendo. Me decía Laura, una voluntaria, que mover con una paletina tal cantidad de metros cúbicos de tierra no tiene precio", comenta.

López Moreno se encargó de las labores previas de investigación que sirvieron de base documental para poner en marcha este proyecto. Ahora con la revisión de numerosas fuentes, gracias al Archivo Municipal de San Fernando y a la hemeroteca del Museo Histórico Municipal, aporta en este libro respuestas a algunas de las preguntas que la exhumaciones han despertado. "Cuando se extrae un cuerpo extraen la consecuencia de un crimen. Si hay un crimen y una víctima, hay victimarios, personas que se confabulan para provocar esa muerte", asume.

¿Quién ordena esa muerte? ¿Quién ejecuta la orden? ¿Quién da el disparo de gracia? ¿Quién ata una soga a las piernas y tira del cuerpo hasta la fosa? ¿Quién le da la última patada para que caiga a la fosa de cualquier manera? "Porque así se encuentran: de cualquier manera". "Y, sobre todo, ¿cómo se llamaba este hombre?". ¿Dejó viuda? ¿Dejó hijos? ¿Qué crímenes cometió para merecer esa muerte, ese olvido, esta indignidad?

Para responder era necesario conocer el contexto político y social en que suceden los hechos, que el autor acota en una década: de 1931 con la República a 1941 cuando ocurre el último fusilamiento. "Te encuentras una ciudad a la que llega una República con una política, con unos actores que la aplican, y con una sociedad muy tradicional, imbricada con la Marina, con la Iglesia. La cristalización de las políticas republicanas en San Fernando provocan fricciones. Los actores de esas políticas son los que están en las fosas", resume. Todo eso acaba con el golpe de Estado.

"La represión fue meticulosa, diseñada, pensada para eliminar a quienes pudieran oponerse al alzamiento"

En San Fernando en la noche del 18 de julio estaba todo bajo la autoridad de los golpistas, "que tienen nombres y apellidos, estaban orgullosos de lo que habían hecho y se inicia una represión". "Fue meticulosa, diseñada, pensada para eliminar a las personas que se pudieran oponer a la rebelión militar", insiste Miguel Ángel López Moreno.

Lo demuestra el lema que los golpistas repitieron, explica, en todas las cabeceras que controlaban: "En España no puede quedar ni un judío, ni un masón, ni un rojo. Lo repitieron hasta la extenuación y el mensaje caló". Tanto como el mensaje de odio con el que "deshumanizaban" a las personas que podrían oponerse al levantamiento, personas vinculadas a la República como políticos de partidos legales, de izquierdas o de centro; los concejales del Frente Popular, los sindicalistas que intentaron empoderar a la clase trabajadora.

Trabajos para la exhumación de cuerpos en la fosa común del cementerio isleño, en una imagen de archivo. Trabajos para la exhumación de cuerpos en la fosa común del cementerio isleño, en una imagen de archivo.

Trabajos para la exhumación de cuerpos en la fosa común del cementerio isleño, en una imagen de archivo. / D.C.

"Una vez convertidas en cosas, las conviertes en una amenaza y entonces se emplea la defensa contra esa amenaza que has creado. Si después hay una cobertura moral de perdón de los pecados, ya tienes el escenario perfecto para exterminar a una clase ideológica sin problema", sostiene para responder a una nueva cuestión: cómo es posible matar con tanta frialdad.

Los remordimientos ni siquiera afloraron al fusilar a un buen número de militares que protagonizaron el intento de recuperar La Carraca a la obediencia republicana. "Algunos tuvieron consejos de guerra, a otros los fusilaron sin más", matiza sobre la peculiaridad de que la mitad de las víctimas de San Fernando –unos 110– fueran militares.

Aunque la razón de ser del libro son los huesos y estos son lo más objetivo de la historia, como dice su autor, no niega sin embargo que el material que ha tenido entre manos "despierta unas pasiones tremendas" y con ello la subjetividad. "Es muy difícil leer un libro de este tema con objetividad, por mucho que el autor intente escribir una obra aséptica –no equidistante, que eso es miserable–", reconoce. A pesar de ello defiende la objetividad de la obra, la que aporta el documento plasmado, la cantidad de documentos transcritos o contados. "Es el valor del libro".

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