José Luis Díaz León, casi 40 años de docencia sobre la vida
La Salle despide a un profesor por cuyas manos han pasado centenares de jóvenes isleños
Dicen los marxistas que un buen docente es aquel que intenta transformar el mundo. Estos días el colegio La Salle-El Carmen despide, tras casi 40 años de labor, a un profesor que ha aplicado la anterior premisa a su modo diario de trabajar: transformar a los jóvenes para que transformen el mundo. José Luis Díaz León se ha jubilado, a sus 65 años de edad, con un acto que consistió en un almuerzo en el restaurante Casa Pepe y en un homenaje posterior organizado por sus compañeros y con la presencia de antiguos alumnos, familiares y amigos. Una emotiva celebración para un veterano maestro por cuyas manos han pasado un par de generaciones de isleños a lo largo de las últimas cuatro décadas.
La trayectoria profesional de don José Luis -como es conocido popularmente entre sus alumnos- en el centro lasaliano de San Fernando arrancó en 1971, cuando llegó al colegio de la mano del entonces director, el hermano José González. Éste acababa de contratar a un joven profesor llamado Joaquín Coronilla, muy amigo de José Luis, y cuando ambos se lo encontraron por la calle el director decidió darle una oportunidad a ese maestro que, a pesar de su minusvalía, contaba con una gran vocación docente y con las referencias del otro chico.
Pero éste no era el primer trabajo al que accedía. Antes, había dado clases en la academia San Carlos, de Cádiz, y en un colegio de Barbate, donde compartió piso durante unos meses con varios compañeros, entre ellos el propio Joaquín Coronilla, tristemente fallecido en el año 2007 y que coincidía con él en cuanto a su profunda vinculación con la comunidad lasaliana.
En La Salle, a lo largo de estos últimos 40 años, José Luis Díaz no ha pasado desapercibido pues la discapacidad que tiene desde su nacimiento y su afán por superarse han calado en algunos alumnos que han visto en él un ejemplo a seguir. Pero, sobre todo, su cercanía y su vocación por enseñar de la vida, más que de números o de ciencias, sorprenden a sus compañeros.
Por eso, son muchas las anécdotas que salieron a relucir el otro día en su homenaje. Entre ellas, la más mencionada fue la de la costumbre de este profesor de entablar debates sobre cualquier cuestión como excusa para saltarse la lección del día. Antes de llegar a La Salle y durante algunos años ya en este centro, compaginó las clases diarias con las particulares para llegar a fin de mes, como cualquier maestro que se preciaba en aquella época. En Barbate, por ejemplo, algún compañero suyo recordaba que se las había visto regular más de una vez para pagar el alquiler porque la mayoría de estudiantes eran hijos de pescadores con modestas pagas. Aún así, él siempre antepuso su obligación de enseñar a la ambición de crecer en su profesión.
El viernes la comunidad educativa le brindó un emotivo homenaje, en el que le obsequiaron con unos gemelos de oro con el emblema de La Salle. Pero ese día José Luis se llevó un regalo mucho más importante: el reconocimiento y el cariño de sus compañeros.
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