Culturínsula El legado monumental de la Armada que San Fernando debe cuidar

  • Pablo Bernal destaca la evolución de la ciudad vinculada a la actividad de la Armada, con ejemplos claros en el urbanismo y las manifestaciones monumentales

  • Culturínsula cierra hoy su primera edición con la ponencia de José Antonio Aparicio sobre el maremoto de 1755

Pablo Bernal (i.), junto al presentador de su ponencia, en el molino de mareas del Zaporito. Pablo Bernal (i.), junto al presentador de su ponencia, en el molino de mareas del Zaporito.

Pablo Bernal (i.), junto al presentador de su ponencia, en el molino de mareas del Zaporito. / Ayuntamiento San Fernando

"En la ponencia intenté analizar el urbanismo de San Fernando y cómo la ciudad ha variado entre el siglo XVIII y el siglo SXX a través de los monumentos militares, y por supuesto la presencia de la Armada". Pablo Bernal, licenciado en Humanidades y especialista en Evaluación y Gestión del Patrimonio Cultural, resume con estas palabras su intervención -bajo el título Monumentos militares de San Fernando. El patrimonio naval de los siglos XVIII, XIX y XX- en el ciclo Culturínsula que acoge el molino de mareas del Zaporito, y que hoy llega a su fin con la conferencia El maremoto de 1755 y sus efectos en la Isla de León, que ofrecerá José Antonio Aparicio Florido a las 20.30 horas.

Esta propuesta cultural ha tratado a lo largo de estas semanas de acercarse a la vinculación del mar y la ciudad, una relación que en caso de la Armada es innegable y que se remonta al siglo XVIII, "cuando los Borbones militarizan Cartagena, Ferrol y la Isla de León y la ciudad empieza a despegar". El ponente destacaba que San Fernando empieza entonces a evolucionar y su urbanismo a cambiar.

"En 1717 se produce el traslado de la Casa de Contratación de Sevilla a Cádiz y en la década siguiente José Patiño, secretario durante el reinado de Felipe V, decide que es el momento de dividir el puerto en Cádiz. Allí se queda el puerto comercial y a La Isla se traslada el puerto militar", describía Pablo Bernal. En ese panorama, el traslado de las instituciones militares se refuerza con nuevas instalaciones. En el siglo XVIII, detalló, eclosiona la arquitectura. Es un siglo dorado. 

El municipio no sufrirá como el resto de España la crisis del XIX. "Es una paradoja porque, frente a los problemas sociales, políticos y económicos, la ciudad se beneficia de que en el Arsenal de La Carraca se construyen barcos y se arreglan otros para atender todos los frentes bélicos en que España estaba inmersa", reconoce. En el plano urbanístico, eso sí, no se proyecta nada excepto el Cementerio de San Carlos.

La pérdida de las últimas colonias en 1898 supondrá un duro golpe para España. Sus consecuencias también afectarán a San Fernando. "No será hasta mediados de siglo XX cuando el sector naval se estabiliza y con ello el poder. Surge entonces una nueva manifestación cultural, la escultura monumental pública", expuso el ponente. Son esculturas y monumentos que se colocan en plazas y otros espacios públicos para conmemorar algo u homenajear a alguien. En La Isla la Armada hará suya esta manifestación y proyecta bustos y esculturas en honor a grandes figuras del cuerpo. 

Un ejemplo es el busto del general Pidal, el monumento a los caídos o el monumento dedicado al general Varela. "Es un monumento en torno al que desde hace unos años hay un gran debate, por su implicación en la Guerra Civil y en la dictadura de Franco. Con la Memoria Histórica hay mucha controversia", advertía el ponente. Por un lado, abundó en este tema, se trata de una figura con una carga ideológica muy importante, pero por otro también mencionó su valor artístico, al ser obra de Aniceto Marinas, "uno de los mayores escultores del siglo XX en España".

Pero Bernal fue más allá de hablar de los monumentos navales de la ciudad, al plantear en sus conclusiones la falta de conservación de parte de este patrimonio. "Hay muchos elementos del patrimonio deteriorados", lamenta este experto en evaluación del patrimonio cultural que señala algunos ejemplos. Desde el Puente del Marqués de Ureña, al monumento al general Pidal, "que está en pésimas condiciones". "Hasta el año pasado no se restauró el monumento de homenaje a los caídos al que le falta un brazo y parte del relieve", comenta. Por eso, aboga por cuidar este legado, más allá del Panteón de Marinos Ilustres, el Observatorio o Capitanía General, a los que sí se presta atención y están bien gestionados. Su advertencia se dirige al ámbito institucional pero también a la propia sociedad isleña.

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