20 años de la última desafectación de suelo de Defensa en San Fernando: cuando Janer dejó de tener interés militar
En estos terrenos se levanta hoy un parque comercial que todavía aguarda la apertura de varias firmas
La consecución de nuevas desafectaciones de suelos ha dejado de ser una prioridad mientras se espera el desarrollo de otras terrenos como los polvorines de Fadricas
Los polvorines de Fadricas ya son de San Fernando: el Ayuntamiento compra por primera vez suelo a Defensa
En estas semanas se han cumplido 20 años de la última desafectación de suelo militar llevada a cabo en San Fernando por parte del Ministerio de Defensa: los terrenos de Janer, donde hoy se levanta un parque comercial que todavía aguarda la apertura de varias firmas (como Brico Depôt, cuyas obras están ya en su recta final).
Los más de 65.000 metros cuadrados de superficie que ocupaba el acuartelamiento de Janer –que cerró sus puertas en 1999– dejaron entonces de tener una finalidad militar, aunque todavía siguieron varios años más en manos de Defensa. De hecho siguieron siendo de su titularidad hasta que en 2013 fueron adquiridos por la Zona Franca, que pagó por ellos seis millones de euros. Unos meses después procedió a la demolición de las edificaciones de la antigua escuela de artillería y dirección de tiro de la Armada. El Consorcio gaditano, por otro lado, vendería posteriormente estos suelos a su actual propietario -la multinacional Ten Brinke- para el desarrollo de este parque comercial.
La desafectación de los terrenos, concretamente, se firmó el 12 de enero de 2006, aunque no se hizo pública hasta varios días después. Antes, en 2001, Defensa cumplimentó idéntico trámite con los polvorines de Fadricas, aunque estos tardarían todavía más tiempo en cambiar de manos. Hasta abril de 2024 no se formalizó su compra por parte del Ayuntamiento de San Fernando.
La liberación de los suelos de Janer, de hecho, formaba parte de aquel famoso protocolo de intenciones sucrito entre el Ayuntamiento de San Fernando y el Ministerio de Defensa el 31 de julio de 2002. Dicho acuerdo, en líneas generales, contemplaba la liberación de un millón de metros cuadrados de suelos militares que no tenían un uso activo en el término municipal isleño: además de los terrenos de Janer y de los polvorines de Fadricas, se incluía en una fase inicial la liberación de hasta 340.000 metros cuadrados del acuartelamiento de Camposoto con la idea incluso de ampliar esta oferta en negociaciones posteriores entre ambas administraciones.
Aquel protocolo, aunque quedó en papel mojado en poco tiempo, se convirtió en la base de otras negociaciones qu llegaron con el paso de los años, como de hecho ocurrió con Janer o con los polvorines. Aunque 20 años después ninguno de estos desarrollos se ha visto completado en su totalidad. Eso sí, el parque comercial -tras innumerables vicisitudes- cuenta ya con varios negocios en activo desde hace unos años y otras aperturas en marcha. Y el desarrollo del parque de los polvorines está también sobre la mesa tras la concesión de los fondos europeos de la EDIL y una vez formalizada su adquisición por el Consistorio.
En todo caso, la desafectación de nuevos suelos militares -20 años después de los últimos- ha dejado de ser una prioridad en el debate político, pendiente ahora de otras cuestiones. Sobre todo, en lo referente a Camposoto., considerados como los suelos 'de oro' de La Isla por su indudable valor turístico dada su cercanía a la playa, donde siempre se ha anhelado ese desarrollo hotelero del que San Fernando –a diferencia de las localidades vecinas– carece por completo.
Lo cierto es que Defensa sí ofreció al Ayuntamiento de San Fernando la posibilidad de desafectar hasta 17 hectáreas de suelo del acuartelamiento de Camposoto, la mitad de lo que se contemplaba en aquel protocolo de 2002. Lo hizo en julio de 2016, pero el Ayuntamiento isleño mostró sus reparos ante la ubicación de los terrenos que se ofrecían, en la parte más lejana de la playa –en la zona colindante al parque del Cerro y La Almadraba– donde no solo tenían menos atractivo para implicar en su desarrollo a un potencial operador turístico sino que además se trataba de terrenos que arrastraban servidumbres y una importante carga arqueológica, lo que dificultaba también su posible desarrollo urbanístico. Así que aquello quedó en nada.
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