Salud sin fronteras

Equidad sanitaria y utopía

En términos de eficiencia, hay mucho que hacer en el uso y gestión de recursos

Los grandes avances de la medicina en los últimos decenios han conseguido, junto a las mejoras en medidas de salud pública, que seamos capaces de hacer frente a la enfermedad de una manera bastante efectiva.

Quedan muchos interrogantes científicos en torno a numerosas enfermedades pero es casi inevitable pensar que el siglo XXI va a suponer un enorme avance frente a muchas de las que hoy causan la mayor morbilidad y la mayor mortalidad en la sociedad.

Los gobiernos y los organismos internacionales (en nuestro caso, la Unión Europea y la Organización Mundial de la Salud) desarrollan con mayor o menor eficacia políticas para la reducción de las desigualdades en salud y la mejora del acceso a los servicios de salud a nivel nacional y a nivel global.

La desigualdad en salud es aún una asignatura pendiente en el mundo actual. Si analizamos los avances conseguidos desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta hoy en materia de extensión de sistemas públicos de salud y de ampliación efectiva del acceso a los servicios sanitarios, el balance es positivo pero claramente insuficiente.

Positivo porque hoy tenemos más millones de personas que nunca cubiertas por sistemas públicos y universales al tiempo que podemos comprobar que el coste para la sociedad en términos de esfuerzo según el producto interior bruto es en algunos casos bastante asumible y en muchos casos, con resultados en salud bastante aceptables.

Ello, a pesar de que hay mucho que hacer en términos de eficiencia en el uso y en la gestión de los recursos destinados a la salud.

Negativo, desde el punto de vista que hay desigualdades de salud en el interior de casa sistema sanitario y desigualdades de salud entre países y entre regiones del mundo. Inadmisibles siempre pero, en especial, inadmisibles en las referidas a países pobres.

Debemos preguntarnos cuál sería el esfuerzo necesario para hacer universal el derecho a la atención integral en sistemas públicos de salud en todo el mundo. Conozco que la respuesta sería una sorpresa para la mayoría. No más de un 2 por ciento del Producto Interior Bruto (PIB) mundial haría posible un despliegue inédito de la equidad mundial en salud. Una utopía.

Mientras somos capaces de poner en pie acciones que permitan hacer viable esa utopía, hay muchas otras cosas que se pueden y se deben hacer.

La telemedicina, la robótica y la inteligencia artificial, son algunos de los elementos de cambio que, además de ofrecer potenciales mejoras en los sistemas de salud de países desarrollados, pueden ayudar a una cooperación en salud para hacer posible mejorar sustancialmente los sistemas sanitarios y la salud de los países menos desarrollados.

Se necesita una reformulación de las estrategias de cooperación al desarrollo que permitan mejoras sustanciales con recursos y tecnologías disponibles a día de hoy. Toda una utopía de nuevo.

Pero es que la equidad es sinónimo de utopía. Y conseguir la equidad es un objetivo a perseguir. Eso es la salud para todos. Así que manos a la obra.

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