MOVIMIENTO 'CRUDIVEGANO'

Verduras para los males del siglo XXI

  • La Cascada, a 10 kilómetros de Marbella, es la única finca higienista y crudivegana de Europa > Personas de todo el mundo acuden a ella para “limpiar su organismo”

El aspecto físico del hombre que está a punto de lanzarse a una cascada recuerda al de uno de esos gurús indios que pasan horas meditando en posturas imposibles a orillas del sagrado río Ganges. Totalmente desnudo, con una piel tostada por los años de exposición al sol y una barba blanca interminable que parece que no ha sido afeitada en siglos, Baltasar Lorenzo no ha tenido que huir a destinos lejanos para encontrarse residiendo en plena naturaleza y en contacto permanente con “los cuatro elementos”.

Oriundo de un pequeño pueblecito zamorano, La Hiniesta, este místico del siglo XXI decidió hace un tiempo instalarse en una vasta parcela de Ojén, a unos diez kilómetros de Marbella, para poner en marcha ‘La Cascada’, la única finca de reposo higienista y crudivegana que existe en Europa. La filosofía de vida que promueven los seguidores de estos movimientos, que se desarrollaron en varios países europeos durante los siglos XVIII y XIX, radica en que el equilibrio físico y mental sólo puede ser alcanzado con una dieta únicamente basada en frutas, verduras y hortalizas crudas, y frutos secos. “Los alimentos que se cocinan se desvirtúan, pierden nutrientes y crean sustancias tóxicas que se acumulan en el organismo produciendo enfermedades”, explica Balta, que en 1994 decidió ir más allá del vegetarianismo y prescindió también de la leche, los huevos e incluso la miel.

En su caso, además ha querido aplicar este sistema terapéutico de nutrición olvidándose de toda vestimenta, salvo en los momentos en los que hace frío, durmiendo en cabañas de madera fabricadas por él y sus seguidores, y acompañado de árboles frutales rodeados de gigantescos bosques de alcornoques y pinos.

En cuanto a las personas que contactan con Balta para convivir algunos días o pasar temporadas en La Cascada, este precursor del crudiveganismo señala que éstas lo hacen por distintos motivos, ya que hay gente que únicamente busca reposo para recuperar “energía” hasta individuos que quieren superar problemas emocionales, bloqueos de comunicación, adicciones, o enfermedades graves.

A ese respecto, recuerda el caso reciente de una chica francesa a la que le desapareció una fuerte psoriasis en las piernas tras seguir un régimen de comida cruda durante tres semanas, o el de una mujer de Madrid que dejó de ser comedora compulsiva tras eliminar la ansiedad que le había conducido al citado trastorno alimentario.

Pero las experiencias no acaban aquí. El estrés que padece un buen número de urbanitas también da lugar a conflictos emocionales que les llevan a perder las riendas de su existencia. Para combatirlos, en este islote de tranquilidad se ponen en práctica enseñanzas y conocimientos extraídos de culturas indígenas o chamánicas como pueden ser las “visiones”.

“Con esta técnica, la persona se pierde sola durante cuatro días en el bosque sin comer ni beber. Durante ese tiempo, toda su energía vital se concentra y logra un poder increíble para desarrollar los proyectos que quiere en su vida”, continúa relatando Balta, al que escuchan atentos un grupo de 10 crudos mientras comen varios cuencos repletos de verduras y frutas.

Pero en contra de lo que cabría pensar de alguien que predica esta filosofía tan verde y ecologista, lo cierto es que no permanece ajeno a lo que sucede en el exterior. Además de contar con conexión a internet y una página propia www.comidacruda.com, este asceta contemporáneo utiliza el coche para desplazarse a otras fincas donde intercambia los productos que recolecta, y el avión para descubrir otros paraísos naturales que quedan. De hecho, hace poco estuvo en las islas de Borneo y Sumatra, situadas en el sureste asiático, donde compartió experiencias con los últimos orangutanes rojos que sobreviven en el planeta.

El viaje, que ha sido filmado en un documental por el periodista malagueño Pablo Torres, le permitió convivir desnudo con los primates en su hábitat natural. “La relación con ellos es muy próxima, al olerlos sientes que los conoces desde siempre porque te afloran tus recuerdos más primitivos”, apunta Balta, que este fin de semana ha celebrado en su finca el I Festival Europeo de Naturaleza Crudívora, al que han asistido más de un centenar de personas.

Defensor de las veladas nocturnas alrededor del fuego y de los baños lunares en las pozas de la finca para “purificar” el espíritu, este gurú se niega a que lo puedan encasillar socialmente. Por algo se siente más próximo a los lobos esteparios que quedan en su sierra zamorana, que a los “perros  domésticos”.

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