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Un ermitaño que abraza al turismo

  • Carlos García de Paredes pide al alcalde de Medina mejoras en los Santos Mártires

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Carlos García de Paredes se presenta como ermitaño del templo de los Santos Mártires de Medina Sidonia. La túnica blanca que viste hace gala de su condición, que asegura llegó a él como un "don de Dios" que ha conseguido materializar gracias a una "enorme vocación".

Ayer por la mañana acudió al Ayuntamiento de Medina Sidonia para pedir al regidor de la localidad, Manuel Fernando Macías (IU), colaboración para dar a conocer "la riqueza cultural" de este templo. Según Carlos, el pueblo tiene que conocer la historia de esta ermita, que tiene más de veinte siglos, y se queja de que la gente sólo asocia el templo con la romería que se celebraba en ella desde hace años y que se suspendió definitivamente porque la fiesta terminó convirtiéndose en algo "totalmente distinto". Concretamente, reclama obras para mejorar el acceso a la ermita y su señalización, para que los turistas puedan reconocerla y llegar hasta allí más fácilmente.

Asegura que la mayoría de visitantes que recibe en el templo es gente mayor procedente de Jerez y Cádiz. Por su parte, el alcalde de Medina se ha comprometido ha intentar solventar estos problemas, ya que desde el Ayuntamiento se pretende "crear estructura económica a través del turismo".

La ermita estuvo cerrada al público durante siete años, hasta que Carlos consiguió vivir en ella en el año 2000 gracias a la aprobación de la Iglesia, que regenta el templo. Allí intenta mantenerla en buenas condiciones y atender a los visitantes, aunque asegura que necesita grandes arreglos. De hecho, señala que "hay piedras que no se han caído porque están sostenidas por un cordón eléctrico". Según cuenta, en los últimos años ha procurado ofrecer numerosas conferencias por centros de la provincia, como Los Salesianos o San Felipe Neri de Cádiz para propagar la cultura que encierra la ermita de los Santos Mártires. Además, ha escrito un libro sobre la historia de la que es prácticamente su casa. Del centenar de ejemplares que se editaron apenas le quedan quince.

A los 15 años siguió "la llamada religiosa de Jesús de Nazaret" y esto provocó que su vida cambiara totalmente. En ese momento decidió entrar en la orden de los marianistas, aunque a los ocho años se marchó porque, según cuenta, allí no se le permitía desarrollar con plenitud su vocación, basada en la "vida contemplativa". Tras estudiar Aparejador en la Universidad de Sevilla, viajó hasta las Islas Baleares, concretamente a Ibiza y Formentera, donde tuvo la oportunidad de dedicarse por completo a su fe, que pudo fortalecer posteriormente con un viaje a Palestina.

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