Una pinacoteca portátil
Desde comienzos del siglo XX, un fantasma muy real, tanto como aquel al que se refería Marx, comenzó a recorrer no solo Europa, sino el mundo, deteniéndose con especial morosidad en América, donde se fundió con otros espectros del continente para enriquecerse. Se trata de los lenguajes, formas y colores, que inspiran las vanguardias, primero las históricas y, luego, ya en los treinta, la segunda, determinada por el surrealismo. Los paquebotes que zarpaban de Europa iban cargados de arte, como el que expuso tempranamente el neoyorquino Armory Show, y sobre todo de las no menos novedosas revistas, libros y papeles de manifiestos y proclamas, llenos de grabados y tipografía audaz. Unas bodegas llenas de los ismos que habían recorrido Europa, que llegaban a una América todavía modernista pero tan dispuesta hacia lo Nuevo, como atenta a la tradición, a lo mágico y selvático, a lo indígena y la negritud. Unas audacias a las que también habían contribuido escritores y artistas americanos como el creacionista Vicente Huidobro, el constructivo Joaquín Torres-García o los ultraístas Rafael Barradas, Norah y Jorge Luis Borges. Desde finales de los años diez, la red, formada por inquietos impulsores de revistas y editores de plaquettes, unía París, Madrid, Barcelona, Sevilla, Buenos Aires, Montevideo, Lima, México, La Habana, Sao Paulo, Río, Santiago. Pero también decenas de ciudades que, entre cordilleras andinas, selvas amazónicas o centroamericanas, praderas infinitas o bahías escondidas, querían ser metrópolis, como Arequipa, Guayaquil, Cataguases… Una realidad que confirmaba que no hay tanto vanguardia como vanguardias, y que estamos, como sucedió con aquel gótico del otoño medieval y flamígero, ante lo que se puede llamar realmente un estilo internacional.
La vanguardia americana, con su ritmo propio, más alargado, y sus rasgos que la identifican y singularizan, como la excepcional y enriquecedora presencia de la Naturaleza y del indigenismo que es la forma americana que adopta el primitivismo europeo, y de la crítica social. La difusión de los ismos contó con un medio que fue verdaderamente reinventado por cada uno de ellos: el diseño gráfico de carteles, revistas, impresos y, sobre todo, de cubiertas de libros convertidas en escaparate y galería de imágenes audaces y coloridas de entregados a los expresionismos, fauvismos, futurismos, cubismo o constructivismos. Sin olvidar la recuperación de la tipografía como motivo que, a modo de los alfabetos cúfico o gótico, decoran las mal llamadas portadas. De esa floración inmensa de ilustración y tipografía que recorrió el continente, de Río Grande a la Patagonia, y de Lima a La Habana, se ocupa un libro excepcional por sus propósitos y logros, por su contenido y por sus infinitas ilustraciones. Se trata de Diagramando la modernidad. Libro y diseño gráfico en América Latina 1920-1940, de Rodrigo Gutiérrez Viñuales y Riccardo Boglione, (Editorial RM), que es ciertamente una pinacoteca alternativa y portátil. Una recopilación titánica basada esencial, que no únicamente, en el mítico, y hoy ya público, Archivo Lafuente, en la que participan especialistas como Juan Manuel Bonet y Dafne Cruz, quienes, con los autores, se ocupan de apartados transversales que relacionan los trabajos entre sí y con Europa. Una obra que, a pesar ese gerundio de demasiadas sílabas del título, se ha convertido en imprescindible para conocer la complejidad de la vanguardia gráfica americana. Es un abrumador aluvión de imágenes y de pistas repartidas por el Nuevo Continente, que no deja fuera ni siquiera a Centroamérica, al Caribe o al algo aislado Paraguay. Destaca la brillantez gráfica del modernismo brasileño, del estridentismo mexicano, del indigenismo peruano, el constructivismo uruguayo, la diversidad futurista argentina… Escoger y dar nombres es imposible por la cantidad y diversidad de ilustradores y obras. Miren al azar, pero que no se les escapen cubiertas que, como diría el CO, merecen marco, en una lectura que es un recorrido por un museo.
Precisamente, la presencia de Juan Manuel Bonet en este proyecto, sugiere una conexión sevillana, pues, para quien conozca ambos textos, entenderá el carácter complementario de este Diagramando… que tiene Tierra negra con alas. Antología de la poesía vanguardista latinoamericana. Libro publicado en Sevilla en 2019, del que son autores Juan Bonilla y el propio Juan Manuel Bonet, editado por Ignacio F. Garmendia, quien realizó una labor tan intensa como imprescindible. Estos dos trabajos, resumen las vanguardias americanas al tiempo que confirman el carácter artístico que tienen las obras gráficas y su importancia en la creación y difusión de los nuevos lenguajes. Pero sobre todo, muestran la importancia y personalidad del Nuevo Mundo en el contexto de las vanguardias surgidas en Europa, pero renovadas y ampliadas con lo americano. Una realidad que muestra la firmeza de los puentes invisibles que tendió lo Nuevo.
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