La llegada a la alcaldía de Nueva York, de Zohran Mamdani, a sus 34 años, proclamándose socialista y musulmán, es un hecho sin precedentes en EEUU. Ha sido un caso excepcional, tutelado por el viejo demócrata Bernie Sanders, al cual le fueron birlados los éxitos en las primarias del partido demócrata en varias ocasiones, incluidas las de las proclamaciones de Obama y Biden. Ha sido una sorpresa, aunque cabía esperarla en una ciudad agitada por la corrupción municipal desde antiguo. Recordemos sin ir más lejos el mandato del mayor Rudy Giuliani, una especie de capo siciliano, cuya sombra se extendió demasiado por la megápolis. Mamdani tomó posesión en medio del frío gélido, ante el único que podía transmitirle autoridad moral, el senador Sanders, que amén de ser un demócrata irredento, procede por tradición familiar del judaísmo.
Me acordé, una vez más, de la película Reds (Rojos), de Warren Beatty, en la que el director se implicó tanto que incluso apareció como actor y alter ego del protagonista histórico del film, junto a Diane Keaton. Reagan, cuando se estrenó en 1982, se enemistó con Beatty por las innegables connotaciones socialistas de la película. Esta versa sobre la vida del escritor John Reed y los círculos revolucionarios de Estados Unidos, y más en particular de Nueva York. Una película que plantea más preguntas que respuestas, reflejando la comprometida vida de Reed, al costado de Pancho Villa, en la revolución mexicana, y al lado de Lenin, en la rusa. Los libros de John Reed México insurgente y Diez días que estremecieron al mundo, siguen siendo la mejor épica literaria de ambas revoluciones.
El padre del nuevo alcalde neoyorquino, Mahmoud Zohran, es antropólogo y como tal autor de varios libros sobre la ciudadanía africana. Uno de ellos titulado Slow Poison (Veneno lento) analiza la figura de Idi Amin, el extravagante presidente de Uganda, y la construcción del estado africano. Otro libro anterior, titulado Citizen and Subjet, planteaba las dificultades para la emergencia de la ciudadanía en África negra, tensionada entre lo étnico y lo estatal. Este último está dedicado a su hijo Zohran. O sea, que el joven alcalde ha recibido desde la cuna la lección de ciudadanía que procedía de los trabajos antropológicos paternos. Con el caso de Mahmoud Mamdani, y su hijo alcalde, la antropología ha pasado al campo político, ejerciéndose la acción civil, como viene argumentando y predicando desde hace décadas mi amigo Davydd J. Greenwood, antropólogo y neoyorquino, asimismo.
Por lo demás, la Columbia University, donde ejerció el padre de Zohran, siempre fue un hogar muy liberal de la vida intelectual americana. Durante el curso de la Segunda Guerra Mundial acogió allí a la Escuela de Frankfurt, con su marxismo heterodoxo, y también fue enclave tradicional desde los veinte del hispanismo español, desde Federico de Onís hasta Francisco García Lorca, hermano menor de Federico, pasando por Ángel del Río. No hay ni qué decir que mantuvo en sus aulas a profesores contrarios en sus opiniones y tendencias como a Yosef Yerushalmi, estudioso rabínico de la memoria judía, autor de ese maravilloso libro que es Zajor, y a Edward Said, crítico del orientalismo, marcadamente pro-palestino. Cuando el lobby sionista intentó que se expulsase a Said de sus aulas, la universidad contestó parándole los pies. Muchas veces me hablaron en Nueva York, en los noventa, del envejecimiento de la Columbia, pero a la vista está que no ha perdido vigor.
Nueva York es lo que más se parece a una ciudad en Estados Unidos. Sustituyó a París en el liderazgo internacional de la cultura tras la Guerra Mundial, y ha hecho divisa de su liberalismo. Cuando ocurrió el atentado del 2001 contra las Torres Gemelas, ni siquiera entonces se produjo en ella una ola de islamofobia. Está claro que el Mega de Trump no tiene nada que hacer en esta megaurbe, que siempre tuvo a gala y orgullo el vanguardismo multicultural. Pero, el refuerzo político de la victoria de Mamdani, con la tradición familiar e intelectual relatada, es algo más que un aire gélido en el enrarecido ambiente actual de Estados Unidos. Es puro y cálido optimismo, en una costa este tolerante y cultivada. Poco que ver con la Norteamérica trumpista.