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La venganza

Pobres ignorantes quienes desconocen que la mejor victoria frente a quienes nos quieren mal es el olvido

Les propongo un juego. Elijan sus 10 películas preferidas y hagan lo mismo con igual número de series y novelas. Luego, definan aquellos argumentos que tienen en común y llegarán a la conclusión de cuál es el objetivo que más les atrae en sus vidas. Por ejemplo, si usted elige entre sus libros favoritos el Conde de Montecristo de Alexandre Dumas y Moby Dick de Herman Melville; la película protagonizada por Robert Redford y Paul Newman El Golpe o la serie Revenge creada por Mike Kelley, usted quiere vengarse de alguien. Quizás le mueva un fracaso sentimental, aquella francesa con la que se fue su pareja en un tórrido verano en Ibiza; o profesional, aquel subalterno mediocre que engatusó a su superior para que prescindieran de usted; o aquel compañero de clase al que pasó sus apuntes y luego él se negó a ayudarle a usted con los suyos y terminó por llevarse la beca a la que usted aspiraba. Sea por la razón que fuere, usted cree que la vida no le ha tratado con justicia y nada le agradaría más que poder vengarse de sus enemigos cual Edmond Dantés, y acabar por capturar al gran cachalote blanco como soñaba el Capitán Ahab.

Y está usted equivocado. Porque ningún mal tiene cura por venganza. Es más, si se apuesta por ella, se mantienen abiertas las heridas que de no hacerlo terminan por sanar. Pero el "ojo por ojo" es demasiado atractivo como para prescindir de él. No es fácil ser un santo en estos tiempos que corren, y la venganza siempre es uno de los elementos esenciales que mueven al mundo. ¿Acaso tendrá alguien como Trump, que ha sido y tiene todo, otra razón para levantarse cada mañana? Y como él muchos perdedores que siguen en pie gracias a la esperanza en revertir el resultado. Pobres ignorantes que desconocen que la mejor victoria frente a quienes nos quieren mal consiste en el olvido, puesto que éste les es insoportable sobre todo si va acompañado de una inocente sonrisa. Abandonar el rencor es imprescindible para ser felices, pero en el desatino en que vivimos los humanos, hay tantos conflictos, como vencedores momentáneos y vengadores perpetuos. El último es Bárcenas, quien, tras años de silencio y colaboración, se ha erigido ahora en el soporte imprescindible para demostrar la corrupción del PP durante sus años de gloria y balcones. No lo hace por arrepentimiento, ni movido por sus deseos de contribuir a la mejora democrática de la sociedad, sino por venganza. Olvida que, como dijera el emperador Marco Aurelio, "la mejor venganza es no ser como tu enemigo ", y él continúa siéndolo.

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