La firma invitada

Mario Ortiz

Lo que va de gaditano a guipuzcoano

ESTE año, como muchos saben, se ha celebrado el centenario del nacimiento de dos ilustres escultores españoles, Jorge Oteyza y Juan Luis Vassallo, artistas los dos muy identificados con el lugar donde nacieron y se formaron humanamente, lo que antes se llamaba la patria chica. Uno era guipuzcoano y el otro gaditano.

Lo que quizás no todo el mundo sabe es que entre los dos, además de la coincidencia en la fecha de nacimiento, existen otros puntos de contacto o circunstancias que hacen más comprensibles sus vidas tan diferentes.

Para empezar, viniendo de lugares muy alejados , ambos coincidieron en la Escuela de Artes y Oficios de la calle Marqués de Cubas de Madrid, como ha contado el propio Oteyza ( Oteyza , Miguel Pelay Orozco ed. La gran Enciclopedia Vasca, 1978, pág. 6: "el año 29...entré, me matriculé, tuve que hablar con el profesor de escultura Capuz, pues ya había comenzado el curso..."). Allí debía de estar Vassallo que había empezado a estudiar con Capuz y Marinas el año 27 (José Antonio Merino Calvo, Tradición y modernidad, Fundación municipal de Cultura, Cádiz, 1987, pág. 39). Si se trataron o no, si simpatizaron o no, creo que no se sabe, pero es fácil pensar que algo sabrían el uno del otro; en todo caso ambos iniciaron ahí sus carreras aunque pronto se separaran, pues Oteyza marcha a América el 35 y Vassallo se traslada a Avila donde dirige la Escuela de Artes y Oficios hasta la guerra civil.

Oteyza se integra en las jóvenes vanguardias hispanoamericanas mientras Vassallo compagina en Andalucía su trabajo creativo con la restauración y continuación de la escultura tradicional, empezando una carrera académica que habría de ser plena de éxito y de reconocimiento.

Cabría suponer que los puntos de contacto se acaban, pero a mi parecer continúan de alguna forma. Aunque Oteyza a su vuelta a España en 1948 se acerca a los jóvenes más inquietos y vanguardistas, el grupo El Paso, el Equipo 57 y le ensalza la crítica más avanzada del momento (José Antonio Gaya Nuño, Escultura española contemporánea, ed. Guadarrama, 1957, pág 130 y ss.), no se integra en el mundo convencional de las galerías de arte y las exposiciones al uso; lo mismo que estaba haciendo Vassallo por su lado, aunque por un camino profesional distinto. Los dos aspiraban a una función pública del artista integrado en la vida y la cultura de su comunidad, sincera y profunda ajena a la superficialidad del arte como decoración. De ese tiempo es el proyecto de Oteyza para Aranzazu y de los de Vassallo en Andalucía (veánse las publicaciones de José Antonio Merino Calvo),

El que se parecieran en su acercamiento a la sociedad y a la función religiosa del arte no quiere decir en absoluto que congeniaran. Yo, que traté mucho a Oteyza desde los años sesenta siempre he sospechado que él se refería a Vassallo cuando dice: "Desgraciados los artistas que se dan en épocas en que ya no se los necesita" (Jorge Oteyza, Quosque tandem, col. Azkue, epígrafes 59 y 118). Supongo que no lo decía por el trabajo manual y de oficio que a él le encantaba sino por la forma de repetir esquemas y modelos más o menos tradicionales. Y de la seriedad de Oteyza no se puede dudar, cuando tras su éxito en Venecia y en Brasil, tira por la borda la posibilidad del lucro material y pasa toda la década de los sesenta con grandes dificultades económicas (de eso soy testigo).

Tras esos años difíciles y de fuerte elaboración teórica Oteyza termina Aranzazu, se instala en Pamplona y se inician sus éxitos y el reconocimiento final, mientras Vassallo culmina su gran carrera llena de triunfo y trabajo hasta el último momento de su vida, literalmente.

Donde vuelven a separarse sus vidas es en el reconocimiento póstumo: Oteyza, un congreso en su centenario, publicaciones, estudios... y un museo fantástico en Alzuza, Pamplona; Vassallo, hasta donde yo sé , discreción, silencio y una sala con obra suya en un centro cultural muy hermoso como edificio pero sin condiciones para museo.

No sé qué conclusión sacar... Hace bien poco he visitado un museo cuidadísimo y admirable de otro escultor español, extremeño, coetáneo de ambos, Pérez Comendador en un pequeño pueblo de Cáceres, Hervás, y pienso en lo injusta que puede ser la vida.

Posdata: No digo ahora nada de una estupenda obra de Vassallo, un mural en piedra homenaje a Goya (en la foto) que yo mismo he recuperado de un derribo en Madrid y por el que nadie se ha interesado lo más mínimo por más que intento comunicarlo. ¡Qué se le va a hacer!

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