TRIBUNA LIBRE: CENTROS DE ARTE CONTEMPORÁNEO

Bernardo Palomo

Una utopía demasiado costosa

En los últimos tiempos, llevados por los inesperados afanes culturalistas de nuestros dirigentes políticos y, quizás, influenciados por las opiniones interesadas de algunos que veían en ellos estación término de sus objetivos laborales, empresariales o, ¿por qué no? claros deseos de subir a su pueblo al tren de la modernidad artística, bastantes ciudades han ideado, comenzado y hasta creado, con todo el máximo despliegue mediático, los mal llamados Centros de Arte Contemporáneo. Casi todos se han quedado en el intento. Simple cohetería que ha explotado sin ninguna incidencia final por la pobre concepción de una idea, por dejar los asuntos en manos no preparadas y, por supuesto, por carecer de medios para afrontar tan ambicioso proyecto, bellos sobre el papel, pero difícil, muy difícil y cara, muy cara, llevarlos a la práctica.

Hemos asistido a inicios de proyectos espectaculares que han sido fracasos nada más poner fin al primer balance de cuentas; también, hemos visto, de primera mano, surrealistas propuestas, como aquella esperpéntica presentación del Centro de Arte marbellí por una política, entonces en activo que, poco más tarde, acabó con sus huesos en la cárcel. Nos han llegado proyectos y más proyectos, ilusiones que no han ido nada más que un poquito más allá de lo que la realidad ha sentenciado.

¿Qué ocurre, por tanto, con los Centros de Arte, que se conciben y casi nunca se consiguen? En primer lugar el no saber qué se quiere; asunto éste dimanado del propio desconocimiento de lo que es el concepto de Centro de Arte Contemporáneo. Un Centro de Arte Contemporáneo debe ser una entidad cultural viva a la que hay que saber dar un contenido adecuado. Un Centro de Arte Contemporáneo debe ser una empresa perfectamente estructurada, financiada y gestionada para que dé sus beneficios culturales sin los menores agravios económicos posibles. Un Centro de Arte Contemporáneo debe ser una realidad artística que genere, sin solución de continuidad, eventos artísticos de calidad, abiertos a todas las tendencias, con vocación internacional e infinitamente más trascendentes que los acontecimientos que habitualmente se llevan a cabo en la propia ciudad y en su área de influencia; es decir, no sólo será un espacio expositivo más para presentar a los artistas de la zona, sino que contará con una entidad gestora, creativa y artística ajenas las meras manifestaciones provincianas. Un Centro de Arte Contemporáneo debe ser una realidad cultural que fomente el desarrollo de la cultura y del arte más inmediato, que sea centro de investigación y documentación de la realidad artística existente y que, al mismo tiempo potencia el desarrollo cultural y, por extensión, el general de la zona donde encuentre. Un Centro de Arte Contemporáneo debe poner los medios para la creación de una Colección adecuada a los intereses generales del Arte Contemporáneo, pretérito, actual y abierto al futuro. Un Centro de Arte Contemporáneo, debe ser una realidad absoluta, meditada de principio a fin, nunca una quimera, un vehículo utópico que no tiene carburante para hacerlo andar. Por lo tanto un Centro de Arte Contemporáneo no debe ser nunca un habitáculo, de diseño más o menos acertado o de rehabilitación espectacular, encargado a arquitectos mediáticos - que ya se llevan lo suyo - para darle mínimo uso y convertirse con el tiempo en una dependencia municipal o provincial o autonómica más.

En España hemos tenido claro ejemplos de cómo Centros de Arte espectaculares, promocionados con las máximas exuberancias mediáticas, han durado lo que los fastos inaugurales, por los costos desmedidos, el poco contenido, el escaso interés de lo ofertado, el mínimo tino de los dirigentes para captar la atención ciudadana y, como consecuencia, las graves pérdidas económicas.

MEIAC de Badajoz, CGAC de Santiago, MUSAC de León, DOMUS 2 de Salamanca, Centro Damián Bayón de Santa Fe incluso, CAAC de Sevilla… son ejemplos vivos de lo que anteriormente expongo. Eriales humanos hasta donde no llega ni el aire; entidades artísticas que resultaron infinitamente gravosas para las arcas públicas y que sólo mantienen el mínimo interés - cuando existe - para unos pocos. No obstante, existen pequeñísimas islas donde las cosas se están haciendo muy bien y donde, con mínimos ajustes, se puede mirar para saber a qué atenerse: El Centro de Arte Contemporáneo de Málaga. El Ayuntamiento de la capital de la Costa del Sol, ideó un proyecto ambicioso y, a base de mucho dinero, con un director sabio, enterado y más listo que el hambre, ha conseguido convertirse en un espacio respetado y de auténtica referencia. Claro que para conseguirlo, se ha tenido que renunciar a ciertas imposiciones localistas y a absurdos compromisos provincianos, para que la realidad sea la que es. No sabemos si en todos los sitios estarán dispuestos a dejarse plegar por los dictámenes - y por sus honorarios - de alguien como Fernando Francés, a la sazón Director del C.A.C. MÁLAGA.

Si un Centro de Arte Contemporáneo sólo se plantea para exponer el legado de un pintor local o las simples migajas que llegan de donaciones o las obras adquiridas en certámenes, sin tener la intención y sobre todo, la fortaleza económica, para conformar una colección consciente y trascendente, para traer exposiciones temporales de auténtica entidad artística, para gestionar una empresa con vocación de futuro… estará abocado a un desastre seguro y a un ostracismo de patéticos desenlaces. O si no, pregúntense por qué existen tan pocos Centros de Arte Contemporáneo en manos privadas. Piénsese en el último gran fracaso: El Chillida Leku de San Sebastián, uno de los que han contado con un mayor y efectivo ejercicio y una mayor trascendencia, ha visto liquidada su existencia por graves problemas económicos.

Si los responsables políticos pensaran más en la efectividad que en la rentabilidad política a corto plazo - a largo, los datos financieros impondrán su potestad-, si pensaran que hay alternativas más sustanciosas y más baratas y si se dejaran aconsejar por los técnicos que de esto saben, mucho mejor nos iría a todos.

Centros de Artes Contemporáneo siempre si; pero con juicio, con sensatez y sabiendo qué es lo que hay que hacer en todo momento. Si no, apostemos por programaciones artísticas con criterio, carácter y sentido; abonemos un terreno adecuado y productivo, pongamos la infraestructura adecuada para, con menos, dar más y conseguir lo máximo. No nos dejemos embaucar por simples efectismos de dudosa enjundia.

La cosa no está para tirar cohetes.

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