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La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

El último rey del bolero

Manzanero se quejaba de no tener una gran voz. Pero sabía decir sus canciones como nadie lo hizo

Una cosa es lo que se aprende y otra lo que se vive. Desde los años 30 cada generación, primero de latinoamericanos, después de españoles y finalmente de todo el mundo, ha ido viviendo sus propios boleros. Y después aprendió los que no vivieron. Mi generación, que es la de los 50, no es la del gran bolerista Armando Manzanero, que esta maldita pandemia se ha llevado por delante a los 85 años, sino la de Juanito Segarra, Ana María González, Pedro Vargas, Los Panchos, Lorenzo González, Jorge Sepúlveda, Benny Moré, Lucho Gatica, Gloria Lasso, Toña la Negra (no tan conocida por aquí: se la recomiendo con fervor) y, por supuesto, siempre el eterno y gran Machín. Sin olvidar a Nat King Cole cantando en español. Clavados en la memoria de tardes largas están En el camino verde, Cabaretera, Dos gardenias, Hola, ¿qué tal?, Lo dudo, Amar y vivir, Si tú me dices ven, El reloj… Canciones oídas en algún disco de cuatro canciones comprado en Casa Damas y sobre todo en la radio, por eso mezcladas con las voces de Rafael Santisteban, Bobby Deglané o Raúl Matas y con anuncios cantados de Norit el Borreguito, Okal o Flan Chino Mandarín.

Después, ya en los años 60, vinieron María Dolores Pradera, Olga Guillot, Celia Cruz, Eydie Gomé con Los Panchos y este gran compositor y cantante que fue Manzanero. Nosotros estábamos en otras cosas del pop y el rock, pero para no romper con estas músicas estaban nuestras madres y tías, fieles siempre al bolero. Por ellas entraron en nuestras vidas, como cosa heredada, Somos novios, Esta tarde vi llover o Contigo aprendí, boleros tan grandes como los de las décadas de esplendor del género. Por eso despedimos a Armando Manzanero como cosa nuestra.

Nostalgia, sí. Pero también algo más: calidad de extraordinarias canciones y grandísimos intérpretes. Estos días se ha valorado el éxito de Manzanero diciendo que Elvis Presley y Sinatra interpretaron sus canciones. Y ciertamente es una muestra de su calidad que las que para mí son las dos voces más grandes de la música americana las cantaran. Pero sus canciones, como tantos otros boleros, eran grandes por sí mismas y nunca sonaron mejor que en las voces españolas y latinas que las interpretaron. La voz es muy importante. Pero el tono, la intención, el susurro, no lo son menos. Manzanero se quejaba de no tener una gran voz. Lo que no le impidió decir sus canciones como nadie lo hizo.

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