La Transición de Tere Torres

28 de enero 2026 - 03:06

Con la muerte de Tere Torres se acaba uno de los últimos vestigios gaditanos de la Transición. Y no exactamente de la política, porque ella nunca se dedicó profesionalmente a eso. Aunque fue la pareja de Rafael Román, que entre los siglos XX y XXI era el líder del Cádiz a la izquierda, el contrapeso local de Teófila Martínez, cuando la alcaldesa tenía mucho peso político. Tere Torres formó parte de la Transición real, la de una ciudad que evolucionó desde un régimen caducado a la modernidad que traía la democracia, a una apertura de costumbres, que entonces eran novedosas, y que el tiempo se ha llevado sin dar explicaciones.

Tere Torres llegó desde Sevilla en 1976. Vino en su momento oportuno. En 1979, otro gaditano nacido en Sevilla, Carlos Díaz, era elegido alcalde, cargo en el que permaneció durante 16 años. Tere Torres ha sido siempre una mujer progresista, en el buen sentido de la palabra. Cuando las mujeres progresistas no eran más carcas que sus abuelas. Abrió una tienda de moda, que se llamaba El Vestuario, en la calle Barrié, y que era lo que entonces se denominaba una boutique, o algo así. Pero después se hizo archiconocida en la ciudad con su taller de costura en la calle Isabel la Católica. En ese taller con Javier Cosano no sólo vistió a Sara Baras y otras artistas, como se ha recordado en su necrológica publicada en el Diario. También vistió a muchas señoras y señoritas gaditanas, y de todas las clases sociales. Por ejemplo, le hizo algún que otro vestido a Teófila Martínez, incluso cuando era la rival política de su marido, Rafael Román. Y le hizo vestidos a ninfas del Carnaval, cuando las ninfas estaban bien vistas y no se las consideraba fachas, y eso lo sé por experiencia.

Tere Torres ha estado muy por encima de los tiempos. Cuando llegó y cuando se ha ido. Con apertura de miras, con alegría, con un talante de amistad y simpatía, sin sectarismos, sin complejos. El Café de Levante no era un negocio de hostelería, ni sólo un proyecto cultural (aunque lo haya sido), sino más bien una oportunidad para la convivencia con las amistades, en una ciudad donde la amistad era muy bien valorada.

Ese Cádiz que se va perdiendo, de la convivencia sana, más allá de las ideologías; y de la fraternidad, más allá del revanchismo; y de la mano abierta, más allá de los brazos levantados o los puños cerrados. En fin, otro tiempo y otro estilo. Por eso supo integrarse en una ciudad que, a lo largo de los siglos, fue lugar de encuentro. A través del puerto, desde el mar, entraban los aires de la libertad, que Tere tan bien supo encarnar.

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