Cine madariaga

Kiko / Cuadrado

Poco tiempo, mucho avance

DE chico, solía decirnos mi señora madre, experta en las cosas del saber de la vida, que hay días que pasan lentos, ¡lentísimos! , que parecen no tener fin, pero que sin embargo la vida se nos va en un suspiro, casi sin darnos cuenta. Reflexionaba mi anciana madre (anciana sólo en el carnet de identidad), con una mochila a cuestas de setenta y tantos años que le parecía mentira lo rápido que se le había ido la vida. Más que una película de las proyectadas en el desaparecido Cine Madariaga, la vida para algunas personas se nos convierte en un cortometraje. ¡Qué rápido pasa todo, y qué de adelantos en tan poco tiempo!

Cuando relato a mis jóvenes hijos, o a cualquier persona menor de 25 años, que no hace relativamente mucho ir en tren de Cádiz a Madrid significaba 9 horas de viaje, no se lo imaginan, tampoco que las puertas de los vagones podían ir abiertas y tú sentado en el escalón de la puerta, casi tocando con tus pies las piedras de las vías férreas. Viajando de noche en pleno julio, sin aire acondicionado, parando en 40 estaciones y en algunas, según su importancia, te daba tiempo de ir al bar y comprar un refresco sin miedo a quedarte tirado y a unas malas montarte con el tren en marcha y volver a ocupar tu asiento de madera, duro como un adoquín, junto a 7 pasajeros más en un apartado de no más de 7 metros cuadrados. Uno puede atestiguarlo en primera persona ya que le tocó hacer el servicio militar obligatorio en Madrid, para más señas en artillería antiaérea (¡Qué fuerte!). El estado físico en el que uno llegaba a su destino no se puede describir. De paso habría que decir que Zapatero y compañía hacen posible ahora poder viajar hasta la capital de España, en el mejor coche con la mayor cilindrada, a menos de 110 Km/hora, sin tener que cruzar el antiguo camino de Despeñaperros casi en el mismo tiempo que hace 40 años.

Pero como decía antes, aquellos del tren eran otros tiempos, aunque pensándolo bien no hace tanto, porque ¿qué son 30 años? y eso sin ser exagerado y compararlo con la inmensidad del universo. No, no han pasado tantos años, sólo 6 lustros, pero cómo ha cambiado el panorama para bien de las nuevas generaciones y para su bienestar, que posiblemente muchos no sabrán valorar, porque únicamente se puede juzgar partiendo del conocimiento. Esto de la comunicación férrea, como el Talgo o el Ave, ha tomado una dimensión impensable hace unos años. Todo esto se podría ligar a lo que ha sido la mayor revolución tecnológica de los últimos diez, o quince años: el teléfono móvil, internet y ni decir tiene el boom de las redes sociales. Algo con lo que sin ello algunos no sabemos vivir e imaginable para chavales jóvenes. Han pasado años, no lo niego, porque insisto: 20 años no es nada, pero los avances tecnológicos producidos en estos últimos años han sido tan importantes y rápidos que a más de uno no termina de sorprendernos, por muy familiar que ya nos parezca, coger un tren y casi volar al destino deseado, coger el móvil y comunicarse con cualquiera en cualquier momento y entrar en internet y tener una ventana abierta ante nosotros. Increíble, pero cierto.

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