Su propio afán

Enrique García-Máiquez

Teoría de los ‘therian’

28 de febrero 2026 - 03:07

Elfilósofo David Cerdá nos ha dejado una máxima de empaque clásico: “A los que vais a reíros de los ‘therian’: sois escoria”. Tiene razón. A pesar del aluvión de chistes y guasas, no es fenómeno para la burla fácil. Cuando adolescentes se identifican como animales —corzos, lobos o gatos domésticos— y viven en consecuencia, lo primero no es la ironía, sino la pregunta. ¿Qué está pasando?

Confieso que yo mismo me reí ante un comentario en redes que planteaba el eventual problema legal del cazador que disparase sobre un “therian” convencido de ser jabalí. La cuestión —decía— dependería de si estaba abierta la veda y tenía licencia de escopeta. La broma tenía filo, pero no iba contra los “therian”, sino contra una teoría que hemos aceptado sin medir sus consecuencias.

Imponen que la autopercepción de cada cual debe ser indiscutible porque cuestionarla es una forma de violencia. Se nos ha prescrito que tenemos que aceptar lo que la gente decida que es y hasta hay denuncias por transfobia contra quien ha anulado respetuosamente una cita. Si eso rige para el género, ¿por qué no para la especie? La reductio ad absurdum no la practican los críticos, sino la concatenación de causas y efectos.

Ahora bien, el asunto no es ganar una discusión cultural, sino atender un síntoma. Algo revela esta proliferación de identidades imaginadas. Vivimos en entornos cada vez más virtuales: la moneda es digital, el trabajo remoto, la amistad mediada por pantallas. El contacto con lo real se debilita. Ya Edmund Burke advirtió contra las “closet theories”, sistemas cerrados que funcionan al margen de la experiencia más elemental. Sin sentido común se pierde lo común y se pierde el sentido.

Quizá el fondo del problema sea el desarraigo. Simone Weil habló de la necesidad humana de echar raíces. Sin vínculos estables —familia, comunidad, tradición— la identidad se vuelve un ejercicio solitario y recreativo de imaginación: una “closet theory”. El antídoto no es condenar, sino ofrecer suelo. Hay que regresar a la realidad, a los vínculos, a los vecinos y a la nación. Hay un aforismo de Valentí Puig que parece futurista, y que lo es, pero que a la vez nos ofrece un perspicaz diagnóstico de lo que está pasando: “Tantos patriotas sin patria haciendo cola en la agencia de viaje para cambiar de galaxia”.

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