Su propio afán
Teoría de los ‘therian’
Toda la vida oyendo la barrila del “como uno más” cuando un miembro de la Familia Real se matriculaba en un colegio, ingresaba en una academia militar, se estrenaba en la Universidad o accedía a un empleo en una empresa privada. Pero ahora resulta que el rey Juan Carlos no es “uno más” que pueda ponerse al día con el Fisco, pedir perdón y seguir su vida en España. La viuda de Franco pasó del Palacio de El Pardo al piso del Barrio de Salamanca, pero el monarca que renunció a todos sus poderes (han leído bien) para facilitar la instauración del régimen de libertades tiene que sufrir un estatuto especial que conlleva el exilio. ¿Por qué? ¿Dónde está escrito? Se pasean por los pasillos del Congreso los legatarios de ETA, recibe visitas de altos cargos institucionales el delincuente Puigdemont en Bélgica donde esquiva la Justicia española, cobran sueldos públicos las indocumentadas adolescentoides que pregonan la necesidad de limpiar la escena pública de quienes no profesan la ideología del odio, son una suerte de Trancas y Barrancas cuando se las ve cuchichear en los escaños... Y aquí, como pueblo acomplejado de su historia, mantenemos al Rey en Abu Dabi, le negamos el pan y la sal de vivir en su tierra, de acogerse a las medidas “como uno más”.
Se pueden censurar sus comportamientos, faltaría más. Se puede cuestionar la Monarquía, que pasó por la aprobación de las urnas. Se puede defender la República, aunque la historia enseñe que en España ha sido un verdadero desastre. Se puede no entender que una familia goce del privilegio (y la carga) de ostentar la Jefatura del Estado por una mera cuestión de sangre, que por eso la institución fue sometida al veredicto de las urnas, como lo fueron los regímenes fiscales del País Vasco y Navarra, cosa que no ocurre con el privilegio que se tramita para Cataluña. Dice poco bueno de un país tener al rey Juan Carlos condenado a vivir en el extranjero, ninguneado de las celebraciones de una Constitución que impulsó como nadie. No lo hizo solo, recuerdan los vagos cicateros. ¡Claro que no! Pero ejerció de piloto. La maniobra de la desclasificación de los papeles del 23-F ha salido mal para el Gobierno al dejar en evidencia que el Rey paró el golpe, sobre todo porque es muy probable que la asonada se lo hubiera llevado a él por delante. Dicen que tardó en reaccionar. No había redes sociales para publicar un tuit a media tarde. Eran otros tiempos y el esperado anuncio llegó de madrugada. No, al final, no ha sido “uno más”.
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