Desafíos universitarios/11

José Antonio Hernández Guerrero

El "tecnologismo"

ADVIERTO que, con esta denominación, no me refiero al desarrollo racional de la tecnología, al uso de los conocimientos técnicos que nos sirven para diseñar proyectos, para crear bienes y para ampliar unos servicios que faciliten la adaptación al medio ambiente y la satisfacción de las necesidades esenciales y de los deseos razonables de la humanidad. Reconozco que la actividad tecnológica influye poderosamente en el progreso social y económico, pero también soy consciente de que, si no se orienta de una manera adecuada, puede favorecer el consumismo sin resolver los problemas esenciales de los más necesitados y sin ayudar al uso sostenible del medio ambiente. Ya sé que la tecnología puede servir, incluso, para proteger la naturaleza y para evitar que las crecientes necesidades provoquen el agotamiento o la degradación de los recursos materiales y energéticos del planeta, pero también me preocupa que, a veces, tenga como consecuencia el aumento de las desigualdades sociales. Para que la técnica humanice es imprescindible que racionalice sus fuerzas, administre sus recursos, economice sus energías y aproveche sus potencialidades. Con el término "tecnologismo", me refiero a la concepción de la tecnología como una ideología de la técnica que, prescindiendo del pensamiento humanista, arrincona los valores éticos, sociales y estéticos. Estoy de acuerdo en que hemos de valorar positivamente el desarrollo de la técnica, pero a condición de que no la aceptemos de una manera absoluta y acrítica que ignore o anule la posibilidad de que la voluntad humana diga "no" a su crecimiento incontrolado como si éste constituyera el fin último de las actividades investigadoras y la vía segura para el crecimiento social y para el dominio del mundo.

En mi opinión, los adelantos técnicos han de estar orientados y alentados por un afán explícito de mejorar las condiciones de vida humana tanto individual como colectiva. Hemos de ser conscientes de los riesgos que frecuentemente corremos cuando olvidamos que un tecnologismo incontrolado hace que perdamos de vista los valores que nos hacen más "humanos" y prescinde de las metas que nos proporcionan un mayor bienestar a una mayoría de ciudadanos. No estoy en contra de los avances tecnológicos sino a favor de su utilización imaginativa y, sobre todo, de esa aplicación razonable que tiene la mirada fija en el bienestar humano que trasciende la mera eficacia económica e, incluso, la simple comodidad: ha de ser una parte integrante de un proyecto coherente de un crecimiento personal armónico, de un mundo más confortable y de una sociedad solidaria.

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