Su propio afán
Enrique García-Máiquez
Un pronóstico a ciegas
Definitivamente la España de los viajeros extranjeros durante el romanticismo no ha cambiado. A cualquier extranjero que pretenda conocernos se le dará la misma visión que tuvieron Richard Ford, George Borrow, Washington Irving., Charles Davillier… o cualquier otro ávido de palpar las realidades andaluzas, que al fin y al cabo eso, en el extranjero, es España. Granada, con el telón de fondo moro de la Alhambra, el Albaicín y su Sacromonte, y Ronda con el bandolerismo de su Sierra, su Plaza de la Maestranza y su Pedro Romero fueron dos visiones que nos dieron los escritores viajeros extranjeros como la España auténtica y verdadera. En realidad buscaban lo exótico. Y eso mismo, al cabo de casi dos siglos, es lo que le han mostrado a Michelle Obama. Es la España cañí. Una de las cosas más curiosas que se han visto es el redivivo José María El Tempranillo, deambulando a caballo por las calles de Ronda para sorprender a Michelle. Es la viva estampa del dibujo de Lewis para Richard Ford, cuando se propusieron, en 1831, buscar y encontrar al bandolero. Pero lo más notable que ha ocurrido es ver a la Micaela, igual que a la Guy Stephan, apodada en España la rubia Carmela, bailando por tangos en el Sacromonte. Mis amigos José Luis Ortiz Nuevo, Faustino Núñez, José Luis Navarro y yo mismo, nos hemos batido el cobre para demostrar los ingredientes negroides en el flamenco. Y, además, lo hemos documentado. Por eso, Michelle, la Micaela, rebautizada en andaluz, en los cenáculos flamencos, ha bailado por tangos. En el XIX, en los antiguos carteles y gacetillas de prensa, se anunciaba a tal o cual negra o mulata bailando un tango de negros. O el Negro Meric bailando el tango de Cangú en 1865. Y no es cuestión de saber o no saber, o de haber ido a tal Academia de Baile. Eso se lleva en los genes. El ritmo, el compás, los negros lo tienen de nativitate. Por eso no tiene nada de extraño ni de particular que la negra Micaela haya sorprendido a los propios gitanos granadinos con el baile de unos tangos flamencos. Yo estoy seguro de que la Micaela no hubiera dado un paso derecho, ni por soleá, ni por bulerías. Pero por tangos llamados, al principio de la historia flamenca, de negros, presiento que los habrá cuadrado y bordado. ¡Ole!.
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