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Alto y claro

José Antonio Carrizosa

jacarrizosa@grupojoly.com

La soledad del Rey

Parecería que los que de verdad conspiran contra la Corona son los familiares del Monarca reinante

Si fuésemos aficionados a las teorías sobre oscuras conspiraciones que la pandemia ha puesto tan de moda, tendríamos motivos para pensar que alguien mueve los hilos para cargarse la monarquía en España. Y no, precisamente, Pablo Iglesias y sus muchachos, que no hacen otra cosa, muy a su pesar, que arañazos sin mayores consecuencias en la piel de la institución. No, los que de verdad parece que conspiran para arruinar el prestigio de la Corona son la propia familia del Monarca reinante, al que un día sí y otro también se le abre una brecha que no tiene medios para taponar. Lo del padre de Felipe VI admite ya pocas adjetivaciones. Pasó de ser uno de los líderes con más prestigio mundial durante los primeros veinte años de su reinado a estar proscrito en su propio país y tener que poner tierra de por medio. Cuantas más cosas se descubren más difícil se hace compensar con su pasado su desastroso presente. Tampoco cabe mucho añadir de su cuñado, inquilino todavía de los servicios penitenciarios del Estado y cuya sombra sigue proyectándose sobre la familia.

Y por si a Felipe VI le faltaba algo, ahora son sus hermanas. La vacunación de las dos infantas en Abu Dhabi, donde fueron a visitar a su padre, es otra mina que le estalla a Felipe VI bajo los pies. El argumento de que Elena y Cristina son familiares del Rey, pero no miembros de la Familia Real -que sería exclusivamente los Reyes y sus hijas- sólo sirve para improvisar una respuesta a hechos consumados, pero está lejos de poder calar en la gente.

El resultado de todo esto es que el Monarca está cada vez más solo y que cualquier asunto que afecte a su familia se le vuelve en contra. La Corona aguanta hoy y tiene perspectivas de futuro porque Felipe VI es capaz de dar cada día testimonio de compromiso con su país y de coherencias con los principios que proclama: honestidad, transparencia y voluntad de servicio. Pero la actual monarquía española no se asienta en la tradición de siglos y siglos como la británica o en la capacidad de moderación social como las nórdicas. En España fueron criterios de mera utilidad los que consolidaron a Juan Carlos I y los que todavía hoy mantienen a Felipe VI. Pero eso es frágil. Que la familia se convierta en un problema de las dimensiones que está llegando a ser es un peligro letal. El Rey lo sabe, como sabe que esta deriva tiene que terminar ya.

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