Crónica personal
Pilar Cernuda
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EN cuanto una deja atrás los quince años literales o emocionales, entiende que lo mejor ante un fracaso amoroso no es ponerse a ver Algo para recordar sino Kill Bill, Terminator o Arma Letal. Igualmente, en cuanto una deja atrás la adolescencia emocional, nada le provoca carcajadas más crueles y seguras que algún delirio del tipo Manual del seductor. O un seductor de manual, mismo caso. Espido Freire pronunció hace poco una inspiradora charla titulada El síndrome de Jessica Rabbit: o nos hacen reír o nos dan risa. Todos recordamos el estiloso talón de Aquiles de la señora Rabbit, que adoraba a su marido porque era capaz de sacarle carcajadas. La risa derrota sin clemencia a los Heathcliff del mundo, que sirven para poco a la hora de pensar las vacaciones y las visitas al Carrefour. Hacer reír es la clave, aunque muchos -atrapados aún en sus quince años- no se lo crean. La risa, viento diábolico, invento del hombre -que decía Umberto Eco-. Como el pecado.
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