Vía Augusta
Alberto Grimaldi
Un mundo nuevo (y terrorífico)
ENTRE ayer y hoy, más de doscientos chiclaneros hemos desembarcado en el islote de Sancti Petri para rememorar la toma del castillo por las tropas que comandó Luis Antonio de Borbón, Duque de Angulema, el 20 de septiembre de 1823. Fran Toledo, gerente de Loggia -la empresa de gestión de patrimonio cultural que explota el castillo- ha sido un excelente timonel que nos ha ilustrado de un capítulo extraordinario de la historia de Chiclana, hasta ahora escondido -como ya escribí alguna vez- en el baúl de las derrotas y el silencio. Como el propio Fernando VII, el desenlace de aquel Trienio Liberal fue ominoso. Una verdadera guerra civil entre los liberales que se había vuelto a refugiar en Cádiz con el propio rey -y en contra de su voluntad- y los absolutistas, apoyados por Francia y la Santa Alianza, que querían poner fin a esa "desventura de la libertad", como la describe Pedro J. Ramírez, que osó instaurar la Constitución de 1812 y soñar con una España democrática. La batalla que ayer y hoy estamos recordando en el castillo de Sancti Petri fue, sin duda, la más importante de aquel conflicto, como bien claro lo dejó Juan Torrejón Chaves, profesor emérito de la Universidad de Cádiz en su conferencia del pasado miércoles. Los franceses, según las cartas que el propio Duque de Angulema envió a París desde Chiclana, dejaron claro que la toma del "fuerte" de Sancti Petri era "imprescindible" para poner punto final a aquel conflicto ideológico y militar, para rescatar a Fernando VII, para invadir Cádiz y para que el Trienio Liberal fuera, sencillamente, historia. Y así fue. La victoria forma parte, recreada al óleo por el pintor M. Gilbert, de la Galería de las Batallas de Versalles, epicentro del denominado Museo Nacional de Historia de Francia. Y, a partir del mismo, originó un amplio número de grabados y recreaciones que, como ha propuesto el profesor Torrejón, quizás ya es hora de recopilar.
Aquel ataque por mar y tierra -desde la misma playa de Sancti Petri, con cuatro baterías- al castillo fue una demostración de poder del ejército del duque de Angulema que permitió el desembarco de 425 soldados franceses con apoyo de artillería ante un destacamento de apenas 124 hombres que defendían Sancti Petri con 24 cañones de a 24. Trece murieron ante el fuego y los obuses. Y el gobernador del castillo, de apellido Montes, no tardó en entregar el "fuerte". El buque "Le Centaure" -nave capitana de la flota francesa, con 86 cañones de a 36 y a 24- pasó a denominarse desde aquel 20 de septiembre "Santi Petri" -sin la "c", que desaparece en francés-, hasta el incendio que lo hundió en 1862. Además, participó otro buque, "Le Trident", y la fragata "Le Guerriérre", que son las tres que aparecen en el óleo de Gilbert, que luego tuvo una amplia difusión en una serie de grabados sobre las grandes victorias navales de Francia que firmó Joseph Skelton. Hoy -y ayer-, 193 años después, la estamos recordado, pensando en que aquella victoria fue, desgraciadamente, el origen de una brutal represión que Fernando VII -los liberales lo entregaron al Duque de Angulema días después- llevó a cabo a lo largo de aquella década de fusilamientos, persecución y exilio. Pero, también, esa victoria francesa y absolutista, y ahora ya no tan desconocida, simboliza que es mucha la historia que aún ignoramos. Acerca del mismo castillo de Sancti Petri, por ejemplo, en el que aún queda mucho por excavar y por investigar desde el punto de vista arqueológico. También por reivindicar. Su historia y su testimonio -y no es momento de volver a entrar en conatos sobre su propiedad- están íntimamente vinculados a Chiclana. Pero aún es mucho lo que queda por escribir (y conocer) del castillo de Sancti Petri.
Y también de este siglo XIX tan pródigo que es como un túnel en el que al asomarnos descubrimos cada día algo nuevo sobre nuestra historia. Por ejemplo, de la propia Iglesia Mayor de San Juan Bautista, icono del diecinueve chiclanero. El próximo viernes, 26, a las 20,30 horas, nos va a sorprender la conferencia que dará el insigne Pedro Navascués Palacio, profesor emérito de la Universidad Politécnica de Madrid, de la que fue catedrático de Historia del Arte en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura. Navascués es, además, miembro numerario de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, la misma a la que Torcuato Benjumeda tuvo que enviar en 1786 y, más tarde, en 1804 los planos de la misma iglesia para su aprobación. Navascués es la gran referencia contemporánea del neoclasicismo, nadie como él ha investigado y difundido los designios de un movimiento artístico y arquitectónico que supuso una notable ruptura con el academicismo anterior y proclamó un tiempo nuevo para la razón y la imaginación. Curiosamente, Benjumeda trazó también un plano inédito del castillo de Sancti Petri que, en breve, podremos ver. El siglo XIX, con sus silencios, sus sorpresas y su fascinación.
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