Notas al margen
David Fernández
Los europeos no sabemos ni qué decir
NOS habíamos quedado en nuestra anterior columna en las maquinitas de la limpieza y el estruendo que producen. Es cierto que el tema de los ruidos y la contaminación acústica es uno de los que menos preocupan a nuestros munícipes. Pero es que además estas endiabladas maquinitas hacen su irrupción a cualquier hora del día o de la noche, desvelando a más de uno (y de una). Los ruídos constituyen uno de los mayores atentados contra la calidad de vida. Pero es que además hemos sido testigos de cómo una de estas máquinas llegaba con su estruendo a la mismas puertas del hospital Puerta del Mar, en donde se concentran las colillas a montones, y pasaba sobre ellas, que volvieron a aparecer, todas, ilesas tras su paso. ¿De verdad sirven para limpiar?
Este mismo diario informaba hace unos días de que han aparecido unos 60 pájaros muertos en la Barriada de la Paz. Parece que se trata de gorriones y apuntan que también jilgueros. El asunto es tan grave que la utilización de venenos, incluso en forma de fumigaciones tan poderosos como para matar pájaros, es un delito de Código Penal. No será difícil averiguar quien realiza fumigaciones en Cádiz.
Estas inocentes aves claman justicia. Todos los pájaros están protegidos por ley, pero todos van en regresión, incluso los gorriones. En la Plaza de Mina había una subespecie de gorrión, el Gorrión molinero, de garganta negra y el pecho más blanco que el común, que hemos dejado de ver desde hace tiempo. Tendríamos que aprender a respetar a los animales, más si cabe a los pájaros, que además de ser la alegría de la vida, son indicadores de calidad ambiental. Algo que también atrae al turismo.
Y como estamos en primavera, esa primavera que le ha sido robada a numerosos árboles a los que han impedido su floración, o sus brotes verdes (los auténticos) o éstos han sido amputados (Melias o Cinamomos, Grevilleas, Eucaliptos...) hoy nos vamos a referir a unos árboles que no son demasiado frecuentes en Cádiz: los Álamos blancos, o Populus alba espléndidos árboles que con un poco de brisa, mueven sus hojas, blancas por un lado y verdes por otro, como si nos hicieran un plateado saludo. Por eso se le llama también Álamos plateados. Otra denominación es la de Álamos afganos, porque proceden de esas regiones. Son árboles muy sufridos, no piden casi nada y hasta soportan la salinidad marina, y en cambio nos dan su sombra, su belleza, su alegría...Y hasta su madera, muy apreciada para imaginería. Pues bien, en Cádiz había una hermosa hilera de estos árboles en la Avenida de Portugal, en un centro de enseñanza al final de la mísma, que han sido bárbaramente mutilados. No sabemos si la competencia es de Educación o del Ayuntamiento, pero tanto unos como otros, en cuestiones de arbolado, lo que muestran es incompetencia.
Y vamos también a tratar de algo inmaterial y muy genuino de Cádiz: el amor a los perros, que es aquí mayor que en ninguna otra ciudad del mundo. Puede que se deba a la ausencia de campo y a la falta de ese necesario contacto con los animales. Rara es la reunión callejera de gaditanos en la que no hay uno o varios perros de por medio. Y las conversaciones de las mujeres -y de algunos hombres- sobre sus perros son dignas de un tratado sobre el tema: "El mío lleva unos días que no me come bien", "Mi Pirulo se entera de todo...¡Es tan gracioso!" No hablemos de esos desfiles de modas que se organizan cuando llega el invierno y los perros aparecen en las calles con sus modelitos. Y es que el perro se ha integrado en la familia humana -y más concretamente en la gaditana- como un miembro más. Son dignas de mención las hermosas relaciones entre perros y ancianos, que llevan su soledad y su vida más soportable gracias a su perro. Conocemos casos conmovedores. Los perros han acompañado a la humanidad casi desde el inicio de la historia, cruzándose en algún momento para no volver a separarse. Puede que lleven con nosotros unos 10.000 años.
Pero no los aman tanto en otros lugares que supuestamente son más civilizados. Hace unas semanas, en un programa de cocina emitido por una cadena de televisión suiza, el plato estrella era un perrito relleno como un pavo. Dejaron su rabito fuera para que no existiera duda. Increible. Nunca comentó nadie que en varios cantones de esa Suiza que es el corazón bancario de la civilizada Europa se comían a los perros. Pues sí. Y prefieren los San Bernardo, los pitbull y los labradores. Y no desdeñan a los gatos. Siempre nos dijeron que "los chinos se comen a los perros" pero nos ocultaron que en Suiza uno de los platos favoritos es perro relleno. Y también comen perros en Japón, en Méjico y en algunos estados de los EE.UU. El tema supone cruzar la barrera de la ética y del respeto debido a animales de compañía que han estado a nuestro lado a lo largo de la historia. Y merecería profundas reflexiones.
Con lo que los amamos en Cádiz...
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