Cuarto de muestras
Carmen Oteo
Tanta hambre
EL verano nos trae cada año unas cuantas calamidades: el ruido, la playa, el calor y la pringue, por citar cuatro casos. Trae también una relajación en la manera de vestir que a veces puede resultar divertida y las más un desastre. Es época de chanclas, de pantalones piratas, de camisetas ceñidas y cosas así. Quizás de las prendas más horrendas que llegan con el calor es la riñonera, elemento masculino para el transporte de tabaco, cartera y móvil. Digo yo que será así porque jamás he tenido la desgracia de asomarme a un pozo así y espero seguir presumiendo de ello. Imagino que aquello que en invierno pueda ir en los bolsillos del chaquetón en verano acaba en la riñonera de aquellos que cometen la ligereza de portar una prenda de esta naturaleza. Siempre pensé que el bolso es un elemento para la coquetería femenina y un elemento donde guardar toda suerte de adminículos como pinturas, pañuelos y demás a los que tan aficionadas son las mujeres. Pensaba también que a los hombres nos bastaban los bolsillos, que ahí podíamos guardar el dinero y todos aquellos objetos necesarios para la vida cotidiana cuando salimos a la calle. Debía estar equivocado porque la profusión de la riñonera demuestra lo contrario hasta el punto de que ha adquirido el carácter de epidemia por lo que afea de manera notable la indumentaria masculina. Hay noticias de que la Organización Mundial de la Salud y la Universidad de Ohio en Columbus están estudiando el asunto y pueden declarar una pandemia española. En otros países más remilgados o donde los hombres observan con cuidado su manera de vestir, no existe tan hórrida costumbre. En seguida los elegantes italianos, los atildados ingleses, los conspicuos alemanes o los meticulosos franceses iban a usar algo así. Tiene un parangón metrosexual en el bolsito de bandolera que algunos con pretensiones de modernos han incorporado a su vestimenta. Es una especie de feminización del hombre que terminará, más temprano que tarde, con una mayoría de los varones haciendo pipí sentados , destino final del declive masculino, síntoma último de la pérdida de valores. Es magnífico que las mujeres tengan exactamente los mismos derechos que los hombres y que vivan en una radical igualdad, pero de ahí a copiar usos y costumbres va un paso.
Todo aquello que de verdad necesita un hombre puede ir en los bolsillos. Las mujeres no suelen usar bolsillos, por eso usan bolso, de ahí que ambas palabras tengan una misma raíz. Digo más, veo bien el uso del bolso en la mujer, porque si está bien elegido y va a juego con su ropa y sus zapatos es ejemplo de elegancia y saber estar que los hombres no podemos ni debemos copiar. Pero la riñonera es zafia , afea el conjunto, junto con el bolsito masculino feminiza a los varones y los degrada. En definitiva, un elemento reprobable del verano que destroza la estética de nuestras calles. No voy a largar aquí un tratado sobre ética y estética porque aburriría a los lectores pero no puedo por menos que dejar establecida la relación.
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