Alto y claro

José Antonio Carrizosa

jacarrizosa@grupojoly.com

Tres razones

Tenemos políticos de bajo nivel, los nuevos partidos han fracasado y estamos siempre en campaña electoral

La campaña de Madrid que afortunadamente se acerca a su final en medio de una espiral histérica y guerracivilista no es más que la plasmación -eso sí, con una alarmante subida de revoluciones- del estado de podredumbre en el que se ha sumido la política española desde hace ya un puñado de años. Esta deriva ha venido determinada, en nuestra opinión, por la aparición de tres factores que han ido socavando las bases del sistema hasta dejarlo seriamente deteriorado en cuanto a sus niveles de calidad y utilidad social. Estas serían las razones:

Una.Tenemos la peor clase política desde el final de la dictadura. El nivel de los dirigentes de los partidos, de los ministros del Gobierno o de los presidentes y consejeros autonómicos está bajo mínimo. Los que concebían el servicio público como un apartamiento provisional de una brillante carrera profesional a la que se podía volver han desaparecido hace ya mucho de la escena para ser sustituidos por mediocres que buscan en la política una forma de vida en la que hay que permanecer a toda costa, aunque para ello haya que aplicar todos los días la frase de Groucho Marx y los principios.

Dos.El intento de dinamitar el sistema bipartidista que había consolidado la estabilidad a partir de 1982 ha fracasado. Los partidos surgidos de la crisis de 2008 y del cambio que introducen en la vida pública la digitalización y las redes sociales no sólo no ayudaron a enriquecer el sistema, sino que lo degradaron. Ni Podemos ni Ciudadanos ni, por supuesto, tampoco Vox han hecho otra cosa que añadir ruido y confusión sin aportar racionalidad o alternativas. En los dos primeros casos han tenido mucho que ver los liderazgos de Pablo Iglesias y de Albert Rivera y, en el tercero, el hecho de que un partido como Vox no surge para consolidar el sistema, sino para todo lo contrario.

Tres.El país está sometido a una permanente tensión electoral. Las campañas se suceden unas a otras sin tiempo para respirar y, además, parece que en cada consulta nos jugamos el ser o el no ser de la nación, sean unas catalanas o las autonómicas en las que se decide el gobierno de la Comunidad de Madrid. Cuando pase el 4 de mayo veremos subir como la espuma el debate sobre un adelanto en Andalucía que sería tan irracional como perjudicial para la región y empezaremos a oír hablar de las intenciones de Pedro Sánchez de cortar la legislatura.

Estas circunstancias han metido al país en un ambiente difícilmente respirable y que no sólo no parece que vaya a amainar, sino que va a más. Madrid es sólo el último episodio, por ahora.

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