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El quinto poder

La sociedad civil desempeña un papel complementario al de ese cuarto poder: la prensa independiente

Los días finales del año suelen aprovecharse para hacer recuento, mirar hacia atrás, sopesar logros y fracasos y en función de las carencias que parecen más necesarias, proponer algunos remedios para el nuevo calendario que se avecina. Con el fin de no insistir en lo que ya otras firmas, con buenas razones, van a pregonar como demandas urgentes, estas líneas sólo quieren ceñirse a un deseo que se plantea públicamente pocas veces, pero que, sin embargo, hay quienes lo consideran primordial. Quizás sólo sea manía de unos cuantos, preocupados por los tristes vaivenes que sufre la vida pública, y que, por ello mismo, repetidamente lo sacan a relucir como un tónico redentor. No se trata, desde luego, de pedir una de esas grandes correcciones y reformas que atañen a la Constitución, Jefatura del Estado y cuestiones de similar envergadura. Ni siquiera pretende referirse al funcionamiento interno del sistema político vigente. Sólo reclama que otras voces, al margen de las instituciones políticas, puedan hacerse oír, contar con plataformas en las que ofrecer su opinión de forma pública para que se conozcan sus ideas y reacciones ante las cuestiones palpitantes que se presentan en el día a día. Es decir, que cuenten con medios para canalizar sus criterios y exponerlos mientras transcurren los años que median entre unas elecciones parlamentarias y otras. No supone ninguna petición ni novedosa ni trasnochada, es algo que ha existido casi desde siempre y que cobró mayor vigencia desde mediados del siglo XVIII en Francia y desde antes en Inglaterra. Es lo que vino a llamarse sociedad civil, formada por unas iniciativas ciudadanas que crearon, al margen de los partidos políticos, unas organizaciones no vinculadas por programas concretos ni estatutos cerrados. Inventadas y dispuestas sólo para que las ideas circulasen y se prodigaran más allá de los circuitos cerrados e interesados de los partidos políticos. La sociedad civil desempeña un papel complementario al de ese cuarto poder: la prensa independiente. Es el otro poder necesario: el quinto. Un poder civil que, sin someterse a una disciplina ideológica y jerárquica, esté atento, haga de mediador, participe, intervenga desde unas organizaciones propias, critique desde sus plataformas y realice propuestas para la vida política del mundo que la rodea. ¿Y por qué ha de ser motivo de deseo una sociedad civil en Andalucía? Sencillamente porque apenas existe, aunque haya algún buen ejemplo. Y esa carencia se percibe, se nota y se padece. Reflexionar sobre sus causas y solventarlas puede ser un buen reto en el año que se avecina.

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