Confabulario
Manuel Gregorio González
Un viejo principio
Dónde quedaron aquellos tiempos en los que uno se cruzaba con agentes de la Policía Nacional o de la Local en plena calle. Era una sensación que transmitía tranquilidad, y un detalle muy valorado por los turistas. Ya no se ven por las calles. Ya no se cruzan en nuestro camino ni por Columela ni por Ancha ni por Mina. Y para qué decir del Barrio de Astilleros, donde Pablo Durio describe hoy la intranquilidad que reina entre sus comerciantes. Han sido varios atracos en pocos días. Las autoridades deberán tomar buena nota de lo que allí ocurre y entonar, de alguna manera, el mea culpa. Ellos saben que no hay suficiente policía en la calle. Y no me refiero a esos profesionales de la fotografía que se pasean horas y horas por la ciudad buscando infracciones, que no delitos, que también de alguna manera provocan otro tipo de terror entre los contribuyentes.
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