El catamarán

Rafael Navas

El que piensa, pierde

24 de enero 2010 - 01:00

DECÍAN Les Luthiers en uno de sus inmortales números acerca de la televisión que no se perdiera nadie el genial entretenimiento "El que piensa, pierde". Y no les faltaba razón alguna, como en muchas otras de sus inteligentes críticas. Pensar demasiado, estrujarse el cerebro, puede ser perjudicial o cuanto menos, inútil. Lo habíamos intuido viendo últimamente quiénes triunfaban en televisión con un éxito inversamente proporcional a la capacidad de sus intelectos. Porque ese es el mensaje que recibe a diario esta sociedad: que el esfuerzo en la vida no merece la pena.

Los gurús de la nueva educación ya nos dieron algunas pautas con sus planes de estudios surgidos del buenismo en los que suspender asignaturas no equivalía a frenar la progresión en la escala de cursos y grados. Y ahora ha sido la Universidad la que, desde Sevilla, nos ha elevado a dogma de fe la frase entrecomillada que inicia este artículo al tratar de minimizar, casi tolerar, el hecho de copiar en un examen. Parece que van a dar marcha atrás a la medida. ¿Qué habría sido lo próximo? ¿Aprobar sin presentarse?

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