La azotea

J.M. / Sánchez / Reyes

pequeños negocios

PASO ante las puertas de pequeños comercios que acaban de abrir y tengo sensaciones contradictorias. Alabo, por un lado, el valor de emprender, de comenzar, de arriesgarse, de apostar, en muchos casos, todo a una carta quienes montan un negocio como último recurso para subsistir. Por otro lado, inevitablemente y con el escepticismo gaditano que arrastramos desde los fenicios, pienso cuántos meses durarán abiertos algunos de ellos. Uno, tres, seis a lo sumo. ¿Un año? No por ser cruel, en absoluto. Más bien por ser realista. La economía no arranca y Cádiz, en materia comercial, es una ciudad fantasma. Imagino a sus propietarios echando más horas que la puerta y fritos a impuestos y trabas legales de esa burocracia que espanta más que ayuda. Y sueño que esos locales que han conocido muchos negocios distintos se asienten de una vez. Pero eso es soñar con otro Cádiz. Una auténtica utopía.

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