Notas al margen

Un peón en mitad del tablero

Un ejército con poder de disuasión y medios suficientes es lo más efectivo para evitar un conflicto bélico en estos tiempos

C OSPEDAL fue la primera que apostó por aumentar el presupuesto de Defensa, porque Trump amenazó con dejar a su suerte a los aliados europeos si no arrimaban el hombro. Los militares dejaron de vivir de espaldas a la sociedad y empezaron a contarnos a qué se dedican, que no es poco, aunque algunos ministros no se quieran enterar. Cospedal entendió que tendría que explicarnos para qué querían el dinero si quería el apoyo del Congreso, y máxime en un país carente de ese espíritu militar del que presumen tantas naciones. Aquí a los barcos de guerra, que llevamos siglos construyendo, los llamamos buques de acción marítima y de ayuda humanitaria, y lo que para otros países son destructores, para nosotros son fragatas, que suena menos belicoso. Algunos gobernantes son tan pacifistas, que prefieren construir gaseros a pérdidas antes que corbetas, como no sean para el extranjero. ¿Quién no está en contra de la guerra, verdad?

Los mandos llevan años defendiendo que contar con el mejor ejército posible es la mejor receta para evitar una guerra, pero algunos niegan la evidencia. El ex Almirante de la Flota, Juan Rodríguez Garat, ya exponía allá por 2016 que una Armada con medios suficientes y "como peón del tablero" era lo más efectivo para lograr un mundo más seguro, gracias al poder de la disuasión. Muchos no le dieron importancia, pese a que Garat relatara que en una de las fragatas en las que estuvo destinado, le tocó acudir a un conflicto caliente. El avispero se encontraba en Osetia del Sur, en el Mar Negro, como teatro de operaciones, hoy de plena actualidad. Rusia apoyaba a los insurgentes prorrusos y la OTAN, a Ucrania. Un mando ruso llegó a decir que le bastarían 15 minutos para arrasar la flota aliada. Pero iba de farol, y el mantenimiento de las posiciones permitió que todos se retiraran sin disparar un cañón.

Putin lo primero que hizo tras bombardear Ucrania fue exhibir el botón del pánico nuclear, por si a la OTAN se le ocurría oponerse. Con esta suicida maniobra le basta para aplastar a todo un país, lo que habría sido imposible si Kiev no le entrega a Moscú las cabezas nucleares que tuvo en su poder en su día, a cambio de que se respetara su frontera. Podemos insiste en negarle a Defensa algo más de un presupuesto que apenas alcanza la mitad que otros ministerios. Tal vez ignore que las plazas de Ceuta y Melilla, sin ir más lejos, quedaron excluidas del paraguas de la OTAN. Y que si al potencial enemigo, el que sea, le diera por invadirlas -lo que nadie desea- los aliados no vendrían a ayudarnos. Este detalle explica, en parte, la concesión de Sánchez a Marruecos renunciando a la histórica posición de España sobre el Sahara. Si parte del Gobierno no acepta que con un ejército menor estamos más expuestos al conflicto que con los recursos suficientes como para imponer respeto, ¿quién lo va a entender? Confiemos, por el bien de todos, en que Garat tenga razón y, como dice hoy en estas páginas, que esta partida de ajedrez termine en tablas y la invasión rusa no se prolongue mucho más.

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