Notas al margen

El penúltimo favor de Cervera

Cervera dejó a una plantilla herida en su orgullo y Sergio les convenció con humildad de que no estaban acabados

álvaro Cervera , casi sin querer, fue el primer artífice de que el Cádiz se salvara, al dejar herida en su orgullo a media plantilla, antes de salir del club. El técnico no pudo ocultar su distanciamiento con los jugadores y en el fondo les hizo un penúltimo favor, al dudar en público de su capacidad. Negredo perdió la titularidad, Chust nunca le gustó, Akapo no terminó de encajar, Alejo ni entró en sus planes y hasta Fali perdió su confianza. La química entre el equipo y un Cervera agotado, tras una trayectoria de gran categoría, se evaporó. Pero el técnico dejó tan tocada la autoestima de sus pupilos -"no sabemos dar ni tres pases seguidos"- que, a poco que llegó Sergio González con su humildad y empatía y ofreciéndoles la posibilidad de demostrar que quien les diera por acabados se equivocaba, el Cádiz empezó a parecerse a un equipo de fútbol. Sin restarle mérito, Sergio sólo tuvo que confiar en su idea de la competición y recuperar a sus futbolistas anímicamente. Y en el momento en que estos gozaron de una mínima de libertad de expresión y de movimientos, los resultados empezaron a llegar.

Necesitaba el mejor molde y José Mari representa como nadie el espíritu cadista. No sólo destaca por su oficio y su pausa sobre el césped y su habilidad para jugar desde la sencillez: el roteño es único por su carisma y su calidad humana, capaz de sostener a un grupo unido por encima de la adversidad. El capitán y sus compañeros han hecho historia, pero su triunfo colectivo va mucho más allá del éxito deportivo. El impacto económico para la Bahía es público y notorio, y lo que no admite discusión es que la imagen de Cádiz se proyectará una temporada más por medio mundo.

Todo ello también se lo puede anotar Manuel Vizcaíno, que lo tuvo doblemente difícil no ya por venir de Sevilla, sino por su condición de sevillista reconocido y, para más inri, íntimo de Del Nido. No hace tanto que muy pocos daban un duro por 'el miarma'. Y encima cobrando un pastizal, omeporfavó. Hoy son legión los aficionados que se confiesan admiradores suyos por ensalmo, pero no ya desde el domingo, sino desde el primer día. Incluso Contreras no deja de recibir abrazos. En el fútbol, como en la vida, nada es lo que parece. Vizcaíno sólo tuvo un bajón, más pensando en la familia que en su propio destino, durante su lucha fratricida con Pina. Pero las batallas intestinas le han hecho más fuerte. Cada vez que se asomó al precipicio se la jugó a una carta: doble o nada. Asumió en primera persona el fichaje de Cervera y tampoco se arrugó cuando lo sustituyó, en contra de los miopes. Sólo él sabe cómo ha logrado sobrevivir, entretanto, al alma más cainita de algunos cadistas de nuestra tierra para mantenerse a flote desde la tenacidad, la astucia y un punto de soberbia. Algunos lo llaman suerte, porque no saben. En el fútbol mandan los resultados y el Cádiz los logró con creces.

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