Su propio afán

Los parlamentillos

Es posible no estar de acuerdo políticamente con alguien y reconocer la inteligencia de algo que propone

No se analizan apenas los discursos de Santiago Abascal. O porque se está sordamente en contra, diga lo que diga; o ruidosamente a favor sin condiciones. A Yolanda Díaz, la comunista estilista se la estudia mucho más; y se entra al fondo incluso de sus matrias y marxismos modernizados. El líder del tercer partido del país merecería, al menos, la misma atención. Hace unos días escribí un artículo para darle la razón a Pedro Sánchez en su propuesta de deslocalizar algunas instituciones del Estado. Lo recuerdo ahora porque es posible no estar de acuerdo políticamente con alguien y reconocer la inteligencia y la oportunidad de algo que propone.

En la celebración del evento de Vox Viva 21, Abascal ha afinado muchísimo su mensaje anti-autonomista. Ha apuntado contra los parlamentos autonómicos; y eso está muy bien tirado. Primero, porque el despilfarro económico de los 17 parlamentos clama al cielo y encontrará un suspiro de alivio en cualquier contribuyente agobiado.

En segundo lugar, porque deja de parecer que se rechaza la diversidad de España. De hecho, el evento de Vox ha supuesto la exaltación de todas las provincias. Si Abascal hubiese atacado el autonomismo en general, podría haberse malentendido que defendía un centralismo férreo a la francesa. Ahora, imposible.

Tercero, los parlamentos autonómicos son la institución más peligrosa para la unidad de España. En pura teoría política, un parlamento es, por su propia naturaleza, el órgano a través del cual se expresa una soberanía nacional. 17 parlamentos implican una ficción de 17 voluntades nacionales distintas, lo cual es falso, claro, pero tampoco conviene aparentarlo. El cuarto punto a favor, es que un solo parlamento nacional velaría por la igualdad real de todos los españoles, haciendo leyes generales, como tienen que ser, además de justas.

En quinto lugar, se salva la descentralización a nivel ejecutivo. Esto retendría las ventajas del sistema autonómico, neutralizando sus riesgos. A esas ventajas, por último, se añadiría dotar al Poder Legislativo de un protagonismo del que hoy adolece y que es una de las peores taras de nuestra separación de poderes y de nuestro Estado de Derecho.

Con automática frecuencia se acusa a Vox de lanzar mensajes bastos, y pasa que la basteza está en quien descalifica a bulto. Esta última propuesta resulta matizada y original. No hace falta votar a Abascal para verle la intención.

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